terapia de pareja siquiaSandra tiene 35 años, profesional liberal, casada desde hace quince años con Alex, de 38 años, otro profesional liberal. Ambos son padres de tres hijos y, en este punto, ya con un hijo adolescente y otro pre-adolescente, empiezan a ver cómo su relación se erosiona por múltiples factores. Sandra me envía un mail y me pide cita para una “terapia de pareja”. El día señalado, la sorpresa es que aparece una Sandra bastante triste y me dice con una sonrisa triste “no, él no quiere venir. Dice que no cree ‘en estas cosas’”. La cuestión es que ello es algo más común de lo que pudiera parecer.

Las crisis matrimoniales son muy comunes y afectan a casi todas las parejas que llevan ya algunos años de convivencia. A veces, los problemas se pueden arreglar solos y otras veces es necesario buscar ayuda profesional, como un psicólogo, para mejorar la calidad de la relación.

Es en ese momento cuando, en algunos casos, se producen discusiones en la pareja ya que, generalmente, el marido opina “todo se solucionará por si solo” mientras que la esposa piensa que “sin ayuda, las cosas no cambiarán”.

En un gran porcentaje de casos “gana” el marido, se deja pasar el tiempo, nada cambia y lo único que cambia es que la relación se desgasta y, si no se reacciona a tiempo buscando ayuda especializada, se puede llegar a la ruptura.

¿Cómo sé si tengo un problema conyugal?

El concepto «problemas conyugales» significa: estado de insatisfacción individual asociado con la relación de pareja, que deriva en acciones coercitivas para cambiar a conducta del cónyuge.

En todas las relaciones que pueden llegar a ser problemáticas, ya sean matrimonio, pareja de hecho u otra forma de convivencia afectiva que pueda resultar insatisfactoria, cada uno de los miembros de la pareja percibe, claramente, qué aspectos del comportamiento del otro han de cambiar para que la relación vuelva a ser satisfactoria. Pero, muchas veces, estos intentos de cambio infructuosos son los factores que agravan y mantienen la crisis de la pareja.

Por tanto, los «problemas conyugales» están formados por un conjunto de interacciones interpersonales problemáticas, como son: problemas de comunicación, conductas aversivas, pensamientos derrotistas y respuestas emocionales que van del estrés a la desesperación.

Las relaciones afectivas deben ir adaptándose a diversas variables, muy cambiantes, como son: las propias expectativas de la pareja, cambios vitales de ambos miembros,  discrepancias educativas, atención a la familia extensa, satisfacción sexual y reproductiva, gestión de los recursos materiales, de las relaciones sociales y del tiempo de ocio, distribución de los roles y de las actividades domésticas, conciliación de diferentes valores, filosofías de vida y del grado de independencia… Si no existe esta conciencia de cambio continuo entre ambas personas y una actitud coherente de implicación en la propia pareja y, por tanto, en su continuo cambio, es inevitable que aparezca un sentimiento de insatisfacción conyugal.

Por tanto, podríamos asegurar que se van a producir discrepancias entre dos personas diferentes que, sin embargo, comparten un proyecto de vida y, necesariamente, expectativas comunes.

Llegados aquí, habrá parejas que se planteen la separación como única opción ya que culpan de su insatisfacción al otro, mientras que otras parejas valoran su relación como satisfactoria ya que intentan ayudarse en la búsqueda de una solución satisfactoria para ambos, aunque provengan de puntos de vista diferentes.

¿Cuál es el momento adecuado para ir a terapia de pareja?

Antes que nada, si te estás planteando está pregunta es porque – intrínsecamente- reconoces que hay un problema que precisa de solución. Por tanto, vaya por delante que ya debes felicitarte por haber tomado conciencia -aunque sea unilateral- de que algo falla en vuestra relación.

La mayoría de las parejas que llegan a terapia suelen decir: “nos queremos pero es no basta”. Y es cierto, el amor sólo no es suficiente por muy idealizado que tengamos al otro.

Los problemas más frecuentes que se ven en la consulta del psicoterapeuta son:

  • falta de comunicación: se sienten “como si hablarán en idiomas diferentes
  • celos
  • desacuerdos
  • discrepancias educativas que uno de los dos halla intolerables
  • disminución del deseo sexual
  • problemas en la percepción de la relación con el otro (no se sienten queridos o deseados)
  • emociones “tóxicas”
  • problemas en la aceptación de los logros del otro.

Cuando todos estos problemas -que suceden con cierta normalidad, en cualquier pareja- ocurren con una intensidad mayor, producen discusiones importantes y ponen en peligro la continuidad de la pareja como tal, es el momento de acudir a un terapeuta de pareja antes de que la situación se os vaya de la manos y acabe siendo irremediable.

Pero, ¿es útil la terapia de pareja, ya sea presencial o con un psicólogo online?

psicologo terapia de parejaLos resultados son favorables en el 80% de los casos y, si el compromiso de la pareja es alto -cosa que no sucede en la situación planteada- el éxito puede llegar al 100%.

De cualquier manera, la terapia de pareja implica una solución pero tanto en sentido positivo como negativo. Es decir, hay parejas que vienen estando seguras que “el amor se ha acabado” o “no perdonaré nunca la infidelidad, me ha hecho mucho daño” y lo que desean es separarse pero sin llegar a odiarse.

En cambio, lo más común, es que acudan parejas a intentar reconciliarse, aprender a comunicarse, a escuchar más y mejor al otro, a aprender a reconocer las necesidades del otro.

La persona reticente a la terapia debe pensar que el terapeuta es un psicólogo con formación en Terapia de Pareja y Sexual, cuya misión no es actuar de juez, ni declinar la balanza hacia quien tiene más/menos razón o más/menos culpa. El terapeuta “no está de parte de nadie”, sino que su objetivo es ayudarles, poniendo todo su interés y profesionalidad.

Asimismo, tiene el compromiso de mantener la confidencialidad y de dar feedback de todos los progresos. Por otra parte, debe decir cuántas sesiones a la semana o con cuánta periodicidad son necesarias pero no dar una fecha de conclusión de las mismas ya que pueden surgir imprevistos.

¿Mejorará la relación, si mi pareja no quiere acudir a terapia?

Generalmente, en la primera sesión de una terapia de pareja acudan ambos miembros a una entrevista conjunta en la que se evalúa el motivo de consulta, los problemas que cada uno plantea y los objetivos que quieren lograr mediante la terapia. Así, empieza un trabajo terapéutico que implica a los dos miembros de la pareja, desde el principio.

Pero esta no es la realidad de todas las parejas en crisis ya que es habitual encontrar reticencias en uno de los miembros, que se niega a buscar ayuda. Las excusas que tiene dicha persona son diversas: ningún extraño les puede ayudar acerca de temas íntimos, ningún extraño les puede ni les debe aconsejar sobre cuestiones de las que no tiene un conocimiento profundo, culpa al otro de todos los problemas y, por tanto, no es él quien necesita ayuda,  por desinterés, por orgullo…

Incluso, hay una frase que ya hemos comentado en otros post – como en “No creo en los psicólogos”- y es cuando uno de los miembros de la pareja sentencia “es que yo no creo en esas ‘cosas’”. Como ya hemos dicho muchas veces, la Psicología  -y una de sus especialidades, la Terapia de Pareja y Sexual– no es “una cosa”, sino una ciencia, puesto que sigue el método científico.

Lo que sí no es: no es un dogma de fe. Por tanto, es perfectamente correcto que no crea en el terapeuta de pareja – ¿acaso cree  en el cirujano que le va a operar de apendicitis o sólo confía en que sabe hacer bien su trabajo? Pues, en este caso, igual. Sin embargo, todo este cúmulo de cuestiones, muchas veces produce que el que está interesado desista y deje  de buscar esa ayuda externa y especializada.

Pero, si acude sólo uno de los dos miembros de la pareja, el terapeuta de pareja también puede ayudar ya que puede “entrenar” al implicado y generar cambios que el miembro reticente puede valorar como buenos y adecuados, e incluso puede motivarle para acudir a terapia al ver que es útil a su pareja.

Si, aún así, el otro miembro no se siente motivado para acudir a la consulta, el miembro que  sí acude a terapia puede trasladar lo aprendido al reticente y motivarle, igualmente. Lo más importante  es que el reticente vea cambios hacia mejoría en el implicado en la terapia y que dichos cambios son producto de la terapia.

Así, los elementos más motivadores para el reticente son darse cuenta de que su pareja, gracias a la terapia, está más comunicativa, más detallista, menos quejica o victimista, valora más sus esfuerzos, le escucha más cuando le cuenta algo…

La terapia se inicia con el objetivo de cambiar la relación hacia una mejoría y consolidación para recuperar la ilusión. Y, aunque no suele ocurrir, puede suceder que los cambios no le gusten al que no acude a terapia. Entonces, nos es útil conocer el porqué ello ocurre: por miedo a lo desconocido, por malas experiencias con otras terapias anteriores,  por ideas preconcebidas respecto a la terapia que nada tienen que ver con la realidad, por la influencia de terceros que, demasiadas veces, opinan que la terapia de pareja es “una manera de acabar con la relación”.

Por ello, si el miembro dispuesto a hacer terapia acude antes, puede ser la mejor manera de eliminar esas ideas y dar una oportunidad a una terapia que les puede ayudar a salir de la crisis, conocerse, aceptarse y entenderse mejor para volver a ser felices juntos.

Mi pareja no quiere ir a terapia ¿puedo hacer yo algo?

¡Claro que sí! De hecho, si le has propuesto una terapia ya, en diversas ocasiones, y se ha negado, te diría que no insistas. ¿Sorprendido? No tendrías porqué: empieza tú mismo a hacer cambios en ti porque estos repercutirán en la relación.

Gandhi decía “Se tú el cambio que quieres en el mundo”.

Vuestra relación de pareja es vuestro mundo, un mundo en el que pueden ocurrir muchas cuestiones: si tu pareja quiere hacer cambios en vuestro mundo pero a ti no te gustan, si te dice que cree que se está desenamorando y que necesita tiempo, si vuestro mundo queda atravesado por fuertes y continuas discusiones o por enormes y fríos silencios, si las distancias cada vez son más profundas y, a pesar de ello, se niega a venir a terapia, asume que tú eres el cambio que necesita vuestro mundo.

Piensa que no puedes obligar al otro a que cambie si no quiere cambiar a pesar de que cada uno de nosotros pensamos que el que tiene que cambiar es el otro y que, si lo hace, volveremos a tener una relación basada en la confianza, el respeto, la comunicación y, por supuesto, el amor.

Pero si tu pareja se ha llegado a sentir tan mal como para plantearse abandonar la relación, debe existir un motivo importante y, por ello, debes analizar si tus comportamientos han podido influenciar en el deterioro de la relación.

Pero no pienses que se trata sólo y exclusivamente  de “si mi pareja no cambia, no hay solución”, todos cometemos errores y cuando una relación de pareja va mal, la culpa no es exclusivamente de él o de ella sino que ambos habéis contribuido a que la relación se haya desgastado.

Por tanto, si tu pareja no quiere ir a terapia, no pienses “esto se acabó porque tú puedes hacer mucho como, por ejemplo: solicita asesoramiento para detectar lo que ha fallado en la relación, preparar un plan con pasos hacia el cambio que tu pareja note de inmediato, aprender la manera efectiva de comunicaros y, sobre todo, evitar conflictos, ir avanzando hacia una consolidación y recuperación de la pareja.

Si para ti tu pareja es importante, si tu matrimonio es importante, si habéis sido buenos compañeros y os habéis amado, nada impide que volváis a hacerlo si aprendéis e incorporáis los cambios necesarios que harán volváis a apostar por la relación.

Si no hacéis nada, ya habéis perdido. Si lo intentáis, tenéis muchas posibilidades de recuperar la relación y mantener unida a la familia.

«Si tu pareja no quiere ir a terapia de pareja contigo, no pienses que esto se ha acabado»

¿Le puedo forzar a ir a terapia de pareja?

No, obviamente, no. Si le fuerzas, vas a conseguir el efecto contrario del buscado. E, incluso, podrías poner en serio peligro vuestra relación. Por tanto, tu única salida es negociar con tu pareja y consensuar algunas de las pautas que veremos después. Por ejemplo: le puedes sugerir ir a una sesión de terapia una vez y sin compromiso de futuras visitas. Es muy importante que el terapeuta sea alguien que os inspire confianza. Tiene derecho, también, a elegir a la persona que ayudará a fortalecer vuestro matrimonio.

Debes pactar que, si el terapeuta no es del agrado de tu pareja, está abierta la posibilidad de elegir a otro/a psicólogo. También puedes negociar hacer algo a cambio por tu pareja para convencerlo para ir a terapia.

Piensa que, quizás tu pareja se resista a ir a terapia ahora, pero ello  no quiere decir que nunca cambiará su pensamiento, especialmente, si ve indicios de que te pierde. Igualmente, muchas personas se vuelven más receptivas cuando la relación empieza a mejorar, sin saber que ello no ha ocurrido “por arte de magia” sino porque, en la mayoría de casos, la otra parte ya se ha adelantado a ir al psicólogo de pareja para saber qué y qué no debía hacer.

Normalmente, se encuentran con que la terapia no es como ellos creían y descubren que puede ser una gran ayuda para devolver la paz a la pareja.

¿Preparados para que un psicólogo os ayude? Deja tu consulta en nuestro espacio de terapia de pareja.