Somatizar, ¿qué significa?

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Cuando hablamos de somatizar nos referimos a un conjunto de síntomas físicos que producen malestar y que no pueden ser explicados médicamente a partir de una revisión del cuerpo.

Es decir, allí donde hay una somatización hay problemas relacionados con el dolor y el malestar a los que no se les puede encontrar una causa a partir de un examen médico.

Debido a las dificultades para encontrar el origen del problema, la atención del diagnóstico y los tratamientos suele recaer en el Sistema Nervioso Somático, es decir, la parte del sistema nervioso que lleva información sensorial y sirve como canal para los impulsos eléctricos que activan la musculatura.

El trastorno por somatización, desde el punto de vista de la psicología, es una forma de defensa ante la ansiedad emocional. La persona tiene un conflicto emocional que le genera una gran ansiedad pero lo desplaza hacia el sufrimiento de síntomas físicos.

Históricamente se llamaba Síndrome de Briquet, y su prevalencia es de un 2%, es decir, lo sufre un porcentaje bastante importante de la población.

¿Qué me lleva a somatizar?

La causa de la somatización es difícil de concretar y aislar, ya que son muchas las complicaciones físicas y psicológicas que produce.

No obstante, según las investigaciones llevadas a cabo, las somatizaciones se relacionan con lo que en el psicoanálisis se conoce como histeria. Por ello, se consideran que son consecuencia de ciertos problemas psicológicos que luchan por salir del Inconsciente.

¿Qué personas suelen somatizar?

Por estadística, las mujeres tienen más probabilidades de somatizar que los hombres, y normalmente esto ocurre por primera vez durante la juventud, antes de los 30 años. Además, se han encontrado correlaciones entre el hecho de llevar una vida ligada a estresores severos, lo cual explica que la población más empobrecida y con menos estudios sea especialmente susceptible a experimentar casos de somatización.

Este último dato puede servir para sugerir que las somatizaciones tienen un componente situacional, y que por lo tanto para estudiarlas hay que entender no sólo al individuo, sino también a su relación con el entorno.

¿Cómo se suelen expresar las somatizaciones?

Las somatizaciones más comunes están relacionadas con los problemas sexuales (como el dolor durante la penetración o la disfunción eréctil), los dolores continuados de cabeza y los dolores en las articulaciones. Sin embargo, hay muchos síntomas que pueden encajar en lo que conocemos como somatización:

  • Movimientos intestinales.
  • Cambios en la frecuencia cardíaca.
  • Dificultad para respirar durante el esfuerzo físico.
  • Sentir la piel excesivamente húmeda o seca.

Somatizar: algunos síntomas frecuentes

  • Dolores muy frecuentes: De cabeza, abdomen, espalda, articulaciones, pecho, etc. También puede aparecer dolor intenso en la menstruación, durante las relaciones sexuales o cuando orinan.
  • Problemas gastrointestinales: Náuseas, distensión abdominal o vómitos, por ejemplo. También es frecuente la diarrea o la dificultad para digerir ciertos alimentos.
  • Síntomas sexuales: Desinterés o falta de deseo sexual, disfunción eréctil y eyaculatoria en hombres, sangrado excesivo o alteraciones menstruales en mujeres.
  • En ocasiones aparecen síntomas neurológicos, como dificultad para tragar, sentir un nudo en la garganta, afonía, sordera, ceguera, amnesia, retención urinaria o pérdida de la sensibilidad en la piel.
  • Cuando se explora y se hacen pruebas, nada encaja, es decir, no podemos explicarlo por una enfermedad física o médica. Pero tampoco se puede explicar porque la persona consuma drogas, alcohol o algún fármaco.

¿Cómo se trata un caso de somatización?

Todo lo relacionado con el sistema nervioso debe ser tratado desde un enfoque que cubra tanto los aspectos psicológicos y comportamentales de la persona como los fenómenos físicos abordables directamente en el cuerpo del paciente.

Por eso, resulta conveniente monitorizar médicamente la evolución de la somatización a la que se proporciona Terapia Cognitivo-Conductual.

Una terapia que mejore la comprensión que el paciente tiene de lo que le ocurre puede ser de gran ayuda. De esta forma la persona se va dando cuenta de que son las dificultades de su vida, tanto en el trabajo o estudios como a nivel personal, lo que le cuesta afrontar o lo que genera conflicto.

El problema es que muchas veces, como los síntomas físicos son tan reales, estas personas rechazan un tratamiento psicológico. Si la persona rechaza que en su caso sus síntomas son de origen psicológico, es fundamental empezar explicándole qué es la somatización.

¿Qué puedes hacer?

Lo ideal es que el médico de familia que suele ver a esta persona le ayude a comprender poco a poco lo que le pasa. Si se ha de derivar al psicólogo o psiquiatra es importante explicar que el hecho de que se trate de somatización no significa que se esté inventando nada. Son síntomas reales, pero puede aprender a manejarlos de forma que no le impidan vivir mejor.

Cómo hacerlo

Si crees que puedes estar sufriendo este tipo de síntomas es muy importante aprender a manejar la ansiedad:

– Aprender a gestionar los conflictos de la vida diaria, con una persona que te guíe y te ayude a afrontarlos de manera apropiada. En este sentido, la terapia es fundamental para que sientas avances en el día a día.

– Si el médico recomienda algún ansiolítico o antidepresivo, este puede ayudar. Pero la terapia es necesaria a largo plazo, ya que se debe de cambiar la forma de comportarse ante los conflictos emocionales. Con apoyo y persistencia se puede lograr una gran mejoría.

La terapia

El punto de partida es evaluar los síntomas, y una vez que se conocen al detalle se pasa al establecimiento de objetivos terapéuticos. Más tarde, tras la explicación detallada al paciente de lo que está ocurriendo y por qué se trabajará para modificar pensamientos y comportamientos.

Los pensamientos disfuncionales no solo no tienen una función concreta sino que producen más malestar a la persona que los sufre. Trabajar estos esquemas de pensamiento es fundamental para lograr que la persona se sienta mejor.

La terapia, además, potenciará la autoestima de la persona, enseñándole a aceptar sus logros, sus valores, sus capacidades y virtudes positivas y reconocérselas.

Consejos para la dejar de somatizar

1. Identifica que algo está ocurriendo

Es muy importante “darse cuenta” de que hay un problema emocional. Cuando sufres de un dolor o un malestar físico y no existe una causa orgánica que lo justifique, piensa si hay algún problema que te pueda estar afectando.

2. No evites el problema

Debes verbalizar lo que te pasa, y llamar a cada cosa por su nombre, sin evitar afrontarlo realmente. Por ejemplo, si no puedes soportar un trabajo que excede tu fortaleza psicológica, es muy importante expresarlo y decírtelo a ti mismo y a las personas de tu alrededor.

3. Pide ayuda

Si fuera necesario, acudir a un psicólogo, el hecho de reconocer lo que te pasahace que nos sintamos mejor y descarguemos emocionalmente parte del problema. Es la terapia con un profesional la que te va a proporcionar las estrategias necesarias para encontrarte mejor y te va a enseñar a gestionar los conflictos emocionales de forma eficaz.

4. Cambia la forma de pensar

Para dejar de somatizar es necesario aprender a pensar de forma sana. Y esto a veces es el motivo principal de acudir a terapia. No es para curarte de una enfermedad, sino para aprender a pensar de forma diferente.

Por ejemplo, vivir con miedo, con rencor, con tristeza o sentir ansiedad pueden ser causas que lleguen a producir enfermedades psicosomáticas. No pierdas la oportunidad de aprender a pensar de una forma más positiva. Y una de las claves es: tú controlas las emociones, las emociones no deben controlarte a ti.

Si es necesario, debes evitar esas situaciones que tanto malestar emocional te hacen sentir. Sabemos que no es fácil dejar un trabajo o una relación personal, sin embargo, a veces hay que tomar esa decisión para poder mejorar. El estrés crónico es peor para tu organismo.

5. Cuida tu rutina y ábrete a los demás

Repasa tu estilo de vida y cambia de hábitos. Busca apoyos sanos en amistades o, incluso, comienza a realizar actividades que impliquen ayudar a otras personas. Sentir apoyo de otras personas es sumamente importante.

Además, debes tener paciencia contigo y darte permiso para desahogarte. Llorar, compartir tus temores y tus emociones es necesario y muy recomendable. Aquí puedes leer más sobre la eficacia de la relajación en las situaciones de estrés.

6. Actitud positiva

El cambio de mentalidad es sumamente importante. Aunque fuera a causa de una enfermedad física real, una actitud positiva hace que esa misma enfermedad cambie totalmente. Se ha demostrado que una actitud positiva mejora el ritmo cardíaco, mejora las defensas del organismo, hace que generemos endorfinas que mejoran nuestro bienestar físico y mejora tu autoestima.

En Siquia somos expertos en terapia online desde el año 2012. A lo largo de nuestra trayectoria hemos ayudado a más de 1.600 pacientes a superar diversos problemas emocionales.

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Sobre Laura Periodista especializada en los Nuevos Medios Interactivos y el Periodismo Multimedia

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