¿Qué es la indefensión aprendida y cómo hacerle frente?

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Es probable que nunca hayas escuchado la expresión «indefensión aprendida», aunque seguramente esté más presente a tu alrededor de lo que creas. La indefensión aprendida es un fenómeno que provoca un comportamiento pasivo en aquellas personas que creen que no pueden afrontar las situaciones negativas.

La indefensión aprendida se da en personas que se esforzaron por salir de una situación adversa y comprobaron que sus esfuerzos no obtenían resultados.

Por supuesto, no todo el mundo desarrolla indefensión aprendida ante una situación de este tipo: puesto que la indefensión aprendida surge de una creencia irracional, la gente con una mentalidad positiva o realista se dará cuenta de que no siempre pasará lo mismo. Sin embargo, algunas personas, ante la adversidad, realizarán una atribución errónea: «como no he podido hacer nada para evitarlo, no merece la pena que intente defenderme de ahora en adelante, porque soy incapaz de evitar que pasen cosas malas».

El psicólogo estadounidense Martin Seligman fue el primero que investigó la indefensión aprendida, a finales de la década de los 60. Para sus primeros experimentos sometió a varios perros a descargas eléctricas: algunos de ellos podían pararlos accionando una palanca, en cambio, para el resto las descargas paraban de manera aleatoria, sin que ellos pudieran hacer nada para detenerlo.

En la segunda parte del experimento, los perros fueron llevados a una habitación dividida en dos partes por un pequeño muro: una de las partes estaba electrificada, la otra no. Seligman descubrió que, mientras los perros del primer grupo buscaron la forma de escapar de las descargar eléctricas, los del segundo se sometían a ellas sin buscar la salida, porque habían aprendido que nada de lo que hicieran podría detenerlas. Habían desarrollado indefensión aprendida.

¿Cómo se desarrolla la indefensión aprendida?

La indefensión aprendida es un comportamiento común entre aquellas personas que han sido sometidas a malos tratos, como víctimas de violencia de género, de bullying o de violencia intrafamiliar. Las personas en estas situaciones aprenden que las agresiones por parte de sus maltratadores no responden a ningún patrón lógico, se trata de violencia sistemática y ningún cambio en su actitud puede detenerla.

Es común escuchar historias de víctimas de violencia de género que trataron de denunciar a su agresor y no obtuvieron respuesta por parte de la justicia. A veces, esas historias acaban con un asesinato machista y solo entonces la sociedad se pregunta por qué no escapó. No lo hizo porque aprendió que nada de lo que hiciese podría parar el ciclo de la violencia.

Algo similar suele pasar en los centros educativos que no toman medidas para frenar los casos de bullying: las víctimas de las agresiones se resignan, porque han aprendido que la vida es así, que defenderse no sirve de nada y que hasta puede llegar a empeorar su situación.

indefensión aprendida

No obstante, no es necesario ser víctima de situaciones de violencia para desarrollar indefensión aprendida. Puede surgir tras cualquier situación desagradable en la que tus esfuerzos no dieron sus frutos, como un examen que suspendiste tras mucho estudiar.

La indefensión aprendida comienza tras un aparente fracaso. Entonces, se realiza una atribución errónea como «Si estudiar no me sirve para aprobar, no estudiaré, porque no voy a ser capaz de aprobar aunque me esfuerce». Este tipo de pensamientos afectarán gravemente a tu motivación, por lo que, ante la idea de no lograr nada, cada vez te costará más tomar la iniciativa.

En este contexto, no es extraño que la desmotivación afecte a tu salud mental, hasta el punto de desarrollar trastornos depresivos o ansiosos. Una persona que sufre de indefensión aprendida puede desarrollar depresión, puesto que el hecho de pensar que no tiene control sobre su vida puede llevarle a sentir apatía, desmotivación, negatividad, tristeza…

La ansiedad surge ante la supuesta imposibilidad de frenar los episodios negativos. Al creer que los malos tragos son inevitables, las personas con indefensión aprendida se mantienen constantemente alerta, estresados y temerosos de que en cualquier momento pueda sucederles algo malo que se escape de su control.

Además, la indefensión aprendida afecta gravemente a la autoestima, pues quien la sufre se siente inútil e incapaz de lograr nada por sí mismo. Hasta las tareas más pequeñas pueden suponer un mundo para estas personas, puesto que estarán sumidos con frecuencia en un bucle de pensamientos negativos sobre su valía.

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Síntomas de la indefensión aprendida

Aunque la indefensión aprendida puede llegar a parecerse a trastornos como la depresión o el apego ambivalente, pero la indefensión aprendida tiene su propia sintomatología.

  • Miedo, estrés y ansiedad: las personas que desarrollan indefensión aprendida se conciencian de que absolutamente nada de lo que hagan puede evitarles pasar por situaciones desagradables. Como su propio nombre indica, se sienten indefensos ante los problemas, lo que les provoca grandes cantidades de miedo y estrés que pueden acabar desembocando también en la ansiedad. La ansiedad es una respuesta de tu cuerpo que, ante el peligro, se prepara para huir. Si crees que nada de lo que puedas hacer evitará los problemas, cualquier pequeño inconveniente supondrá un peligro para ti, generando ansiedad.
  • Visión pesimista de la realidad: Como ya hemos explicado, estas personas se mantienen en un constante estado de alerta, puesto que cualquier situación puede ser una fuente de problemas. Al sentirse desamparados en un mundo aparentemente hostil, empezarán a ver las cosas de manera negativa. Además, encontrarán dificultades para dejar a un lado las preocupaciones y disfrutar, y frecuentemente sufrirán la desmotivación.
  • Creencias irracionales: la indefensión aprendida es fruto de una creencia irracional de la que surgirán muchas más. Las personas que la sufren son perfectamente capaces de terminar sus estudios, lidiar con su trabajo, buscar empleo… Pero la creencia de que no son lo suficientemente buenos para nada les atacará ante cualquier intento de realizar una actividad, por pequeña que sea.
indefensión aprendida
  • Pasividad y resignación: Precisamente de la sensación de que no pueden hacer nada significativo surgen la pasividad y la resignación. Es común que estás personas puedan quedarse bloqueadas ante los retos, puesto que no creen tener las habilidades necesarias para afrontarlos. Del mismo modo, se resignan ante los malos momentos, puesto que los creen inevitables. Estas personas asumen el dolor y la tristeza como parte de su vida y no luchan por acabar con ellos.
  • Baja autoestima: La indefensión hace sentir a quienes la sufren que no son lo suficientemente buenos y que, por lo tanto, se merecen todo lo malo que les pase. Incluso cuando les ocurren cosas buenas, estas personas no se sienten suficientes, puesto que consideran que ha sido algo fortuito y no han hecho nada para merecérselo.
  • Dependencia emocional: Las personas con indefensión aprendida no se creen capaces de realizar multitud de actividades. A menudo se sentirán tontos o inútiles y puede que el miedo a fallar (y la creencia errónea de que fallarán) les impida realizar algunas tareas. No obstante, las personas que sufren la indefensión aprendida sí que perciben a los que les rodean como personas capaces de solucionar los problemas, por lo que pueden depender de ellos para actuar e incluso sumirse en relaciones tóxicas en la que su opinión y sus sentimientos no son válidos.
  • Falta de motivación: Es lógico que, ante la creencia de que nada de lo que hagan les dará resultados positivos, estas personas se sientan desmotivadas. Son precisamente tus metas las que te mantienen activo en todo momento, trabajando para conseguirlas, pero cuando esas metas parecen inalcanzables, no es tan raro no intentarlo y así no malgastar el esfuerzo. No obstante, estas personas creen que sus metas son inalcanzables por culpa de la creencia irracional de que ellos no pueden conseguir nada por sí mismos.

Superar la indefensión aprendida con ayuda de un psicólogo

La indefensión aprendida es un fenómeno desagradable que puede llegar a afectar todos los aspectos de las vidas de quienes lo sufren. No obstante, algo bueno de esta condición es, precisamente, que es aprendida e igual que se aprendió se puede desaprender.

Cuando experimentaba con perros, Martin Seligman descubrió que, si les obligaba a caminar hacia la zona segura, moviendo él mismo sus patas, dos o tres veces, los perros aprendían a huir de las descargas eléctricas. Aunque la mente de los humanos es más compleja que la del resto de los animales, tú también puedes aprender a confiar en tus capacidades de nuevo con la ayuda de un psicólogo.

La terapia psicológica te ayudará a deshacerte de todas esas creencias irracionales que la indefensión aprendida te ha metido en la cabeza. A través de las sesiones, recuperarás la visión optimista de la vida y serás capaz de sanar tu autoestima. En estos casos, el mindfulness puede ser de gran ayuda: se trata de una técnica que consiste en prestar atención a lo que está ocurriendo, siendo consciente de todo lo que pasa, de lo que sientes y también de tus capacidades. Es una práctica muy útil contra la ansiedad, puesto que evita preocuparse por lo que puede pasar en el futuro.

Además, un psicólogo puede ayudarte a deshacerte de la pasividad mediante el desarrollo de la asertividad, una forma de comportamiento que pasa por reconocer tu propio valor, reconocer tus derechos y comunicar tus necesidades de manera firme y clara. La asertividad, además, puede acabar con los conflictos antes de que aparezcan, por lo que tendrás que preocuparte por menos problemas.

La terapia psicológica te dará las herramientas necesarias para reconocer tu propia valía. Además, te enseñará a evaluar la situación, de modo que tengas claro cuáles son tus posibilidades ante los problemas.

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Imagen de Lucía Lorenzo
Sobre Lucía Lorenzo Lucía Lorenzo es una estudiante del último curso de Periodismo en la Universidad de Valladolid, donde descubrió su gran interés por los temas relacionados con la salud, especialmente con la salud mental, la gran olvidada en las enseñanzas universitarias. Entre sus inquietudes se encuentran el feminismo y los derechos LGBT. Ganadora de un premio de relato corto en el año 2013, disfruta escribiendo tanto noticias como ficción.

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