¿Qué es el body shaming y cómo combatirlo?

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Durante los últimos años se ha popularizado la expresión «body shaming» para referirse a una práctica que consiste en humillar a alguien por su físico. Pero lo cierto es que el body shaming no es una prática novedosa: vivimos en una sociedad cimentada sobre el culto a una imagen perfecta, irreal e inalcanzable que acecha en cada anuncio, en cada escaparate y en cada uno de los rincones a los que puedas mirar.

El body shaming se esconde por todas partes: está en las revistas de moda que cuelgan «robados» de las famosas que tienen la indecencia de ir por la vida real sin un filtro de Instagram que les tape los defectos; está en cada una de las corporaciones que venden productos milagrosos que aseguran que conseguirás el cuerpo perfecto si bebes sus batidos; está también en esas cenas familiares en las que alguien te recuerda que has engordado, o te dice, en forma de regalo envenenado, que «estás mucho más guapa así de delgada».

¿Te suena? Seguro que sí, porque el body shaming puede afectar a cualquier persona: a las mujeres y a los hombres, a los altos y a los bajos, a los calvos y a las que no se depilan… Pero lo cierto es que el body shaming afecta especialmente a las mujeres y se ensaña más con aquellas que están gordas.

¿Y por qué ocurre? Porque, como consecuencia de una sociedad profundamente heteropatriarcal, la mujer, durante siglos, se ha visto reducida a ser un simple cuerpo disponible para consumo masculino. Así, desde pequeñas, las mujeres se ven reflejadas en un mundo que las presenta como objetos de consumo, como poco más que maniquíes que decorar al gusto, según la moda de turno.

No son pocos los que se han lucrado ejerciendo violencia estética contra las mujeres: hace algunos años Dove hacía saltar la polémica por un controvertido anuncio en el que, tras usar su gel de ducha, una chica negra pasaba a ser blanca. Y aunque cada vez ocurre menos, no es tan extraño encontrar anuncios de coches, de colonias e incluso de comidas donde el cuerpo de la mujer, con escasa ropa, es ofrecido como reclamo para llamar la atención. Incluso una campaña publicitaria de PETA, la organización sin ánimo de lucro que lucha por los derechos de los animales, fue acusada de gordofobia por una campaña que rezaba: «Salva a las ballenas. Pierde la grasa de ballena: hazte vegetariana», acompañando al lema, aparecía la caricatura de una mujer gorda.

Las famosas le planta cara al body shaming

Ni siquiera las celebrities se libran: en 2015, Inma Cuesta se reveló en Instagram contra los retoques fotográficos, después de aparecer en una fotografía con los brazos y la cintura más delgados, la piel más lisa y el pelo más largo. En su publicación de Instagram, que no tardó en viralizarse, escribió: «Verte y no reconocerte, descubrir que tu imagen está en manos de personas que tienen un sentido de la belleza absolutamente irreal […] No entiendo la necesidad de retocar mi cuerpo hasta dejarme casi en la mitad de lo que soy, alisar mi piel y alargar mi cuello hasta convertirme casi en una muñeca sin expresión».

inma cuesta instagram

Por suerte, las famosas cuentan con una plataforma lo suficientemente amplia como para denunciar el acoso que sufren por su físico y cada día más deciden alzar la voz. Billie Eilish, la cantante que debutó con tan solo 17 años y acaba de cumplir los 19, contaba en un anuncio para Calvin Klein: «No quiero que todo el mundo lo sepa todo sobre mí, por eso uso ropa ancha. Nadie puede opinar, porque nadie sabe lo que hay debajo».

Pero todo el mundo tiene una opinión sobre el cuerpo de las mujeres. Billie Eilish lo descubrió después de la fotografiaran con ropa ajustada por la calle, cuando las redes se llenaron de comentarios sobre su peso. En un pequeño corto de YouTube, Billie hablaba sobre el body shaming: «Algunos odian lo que llevo, algunos lo alaban. Algunos lo usan para meterse con otros, algunos lo usan para meterse conmigo […] ¿Te gustaría que fuese más pequeña? ¿Más débil? ¿Más suave? ¿Más alta? ¿Te gustaría que me quedase callada? ¿Te provocan mis hombros? ¿Mi pecho? ¿Soy mi estómago? ¿Mis caderas? ¿El cuerpo con el que nací no es lo que querías?«

El vídeo, llamado «Not my responsibility», ha conseguido más de 30 millones de visualizaciones en menos de un año y se ha convertido en un alegato en contra del body shaming. La dura crítica a aquellos que la juzgaban terminaba así: «Si llevo más, si llevo menos… ¿Quién decide en qué me convierte eso? ¿Qué significa? ¿Mi valor se basa en tu percepción? ¿O solo tu opinión? No es mi responsabilidad«.

Hasta aquellas con los cuerpos más normativos reciben críticas por la forma de su cuerpo. La modelo Sara Sampaio, que en 2015 se convirtió en un ángel de Victoria’s Secret, ha sido la última en enfrentarse a la oleada de body shaming que inunda las redes. Tras subir una foto en ropa interior que fue duramente criticada, la portuguesa colgaba un vídeo mostrando cómo cambia su cuerpo según su postura y pedía a sus seguidores que fuesen amables y dejasen de hacer comentarios sobre los cuerpos ajenos.

Contra el body shaming: body positive y body neutrality

Para rebelarse contra las imposiciones estéticas que impone la sociedad, Internet popularizó el movimiento body positive, que defiende la inclusión de todos los cuerpos y la mentalidad positiva. Al poner el foco sobre todos aquellos cuerpos que, por sus supuestos defectos, no salen en la revistas, el body positive pretende normalizar la diversidad corporal.

El body positive ha conseguido abrirse paso, muy discretamente, entre los desfiles de algunas de las marcas de moda más conocidas. La sevillana Lorena Durán, con una talla 44, se convertía hace poco en una de las primeras modelos curvy de Victoria’s Secret. En lo que llevamos de 2021, también Zara y Bershka se han unido tímidamente al movimiento body positive incluyendo modelos curvy en sus catálogos.

Sin embargo, también surgen voces disidentes contra el body positive, y no son solo aquellas que defienden los estándares de belleza clásicos. El movimiento body neutrality nació para cambiar el discurso de «los cuerpos positivos», que algunos consideraban peligroso por la manera en la que sus defensores lo expresaban.

El body neutralitity deja a un lado una positividad que no siempre es fácil de conseguir y abraza la aceptación, simple y llanamente. Es decir, en lugar de buscar la felicidad en el cuerpo, aboga por la aceptación de las propias limitaciones y defiende que la imagen corporal no debería ser el centro de nuestras vidas. Para los que defienden el body neutrality, el mensaje del body positive está mal enfocado, pues, en lugar de luchar porque el cuerpo no condicione el valor social, lucha porque un espectro mayor de cuerpos sea aceptado, sin atacar el problema de raíz, que es el enfermizo culto a la imagen que subyace en cada rincón de la sociedad.

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Consejos para no caer en el body shaming

¿Alguna vez has criticado a alguien por la forma de su cuerpo? ¿Por su peso? ¿Por su apariencia física o su forma de vestir? ¿Alguna vez te has mirado en el espejo y no has visto más que defectos? Si la respuesta es sí, no desesperes. Es lógico que te cueste aceptar aquello que no es normativo si durante años has vivido rodeado de cuerpos estereotípicos que te han metido el canon de belleza en la cabeza. Pero que sea normal no significa que debas conformarte con ello.

En primer lugar, debes recordar que tu cuerpo cambia constantemente: según la postura, el momento del día o el momento de tu vida tendrás una u otras características. También debes tomar conciencia de que no puedes cambiar todos los aspectos de tu físico. Incluso si lo logras, lo más seguro es que esos cambios no sean permanentes y haya factores, como los desajustes hormonales, el estrés o los cambios en la rutina, que puedan revertirlos. La buena noticia es que ni tu valor ni el de los demás dependerá nunca de la apariencia física, puesto que las personas estamos compuestas de multitud de pequeñas características y los kilos, las arrugas o los granos no son más que una gota en el inmenso océano de tu persona.

body shaming

Recuerda que enjaularte a ti mismo o a los demás en el estrecho espacio que dejan los cánones de belleza puede provocar trastornos de la conducta alimenticia, como la anorexia, la bulimia o la ortorexia. Para combatir el body shaming, puedes poner en marcha los siguientes consejos:

  • Recuerda que el cuerpo perfecto no existe: imponerte el canon irreal de las revistas asiduas al photoshop o imponérselo a otros solo generará frustración.
  • Cuídate: seguir una buena alimentación y una rutina de ejercicio te generará bienestar mental y físico. No te obsesiones con ello, porque la meta no es la perfección, sino sentirte bien en tu día a día.
  • Recuerda que todo el mundo tiene defectos y virtudes: quizás haya aspectos de tu físico o del de los demás que no te gusten, pero debes tener en cuenta que el valor de una persona no se mide en función de su belleza. Si tienes el impulso de hacer un comentario sobre el físico de alguien puedes aplicar la regla de los cinco segundos: ¿Aquello que vas a señalar se puede arreglar en cinco segundos? Si la respuesta es sí, adelante, si no, será mejor que no lo digas, puesto que no harás más que ahondar los complejos del resto.
  • Pon freno a los comentarios negativos: el primer paso para frenar el body shaming es tomar conciencia de que nadie se lo merece, ni siquiera tú. No importa si a ti tampoco te gusta esa característica que alguien te ha señalado, no permitas que nadie haga comentarios hirientes sobre tu físico y así quizás puedas evitar que hagan lo mismo con otros.
  • Ten en cuenta que no eres solamente tu físico: es normal que haya cosas de ti mismo que no te gusten y es normal que quieras cambiarla. Puedes intentar cambiar la mayoría de tus rasgos, desde tu peso hasta tu carácter, pero no desesperes si, después del esfuerzo, no lo logras. Tu valor no depende de ninguna característica aislada.

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Imagen de Lucía Lorenzo
Sobre Lucía Lorenzo Lucía Lorenzo es una estudiante del último curso de Periodismo en la Universidad de Valladolid, donde descubrió su gran interés por los temas relacionados con la salud, especialmente con la salud mental, la gran olvidada en las enseñanzas universitarias. Entre sus inquietudes se encuentran el feminismo y los derechos LGBT. Ganadora de un premio de relato corto en el año 2013, disfruta escribiendo tanto noticias como ficción.

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