¿Puede la inteligencia artificial mejorar la salud mental?

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La sociedad actual se enfrenta a un reto sin precedentes que afecta a gran parte de la población: los trastornos mentales. Año tras año, los psicólogos investigan nuevas técnicas para poder asegurar el bienestar del mayor número de personas. Ahora, la Inteligencia Artificial se ha vuelto una pieza clave en las iniciativas planteadas por distintas universidades, tanto nacionales como internacionales, que llevan varios años trabajando en materializar sus ideas.

Los responsables de dos de estas iniciativas afirman que es factible utilizar la tecnología en beneficio de la salud mental. Por un lado, el proyecto STOP, que emplea un algoritmo para detectar indicios de intentos o pensamientos suicidas. Y por otro, Aimentia Health, una start up centrada en desarrollar un sistema que permite a los psicólogos y psiquiatras ser más precisos en los diagnósticos.

inteligencia artificial

Inteligencia artificial para frenar el suicidio

El eje central del Proyecto Stop es, simple y llanamente, un algoritmo.

Pero no es cualquier algoritmo. Se trata de una secuencia capaz de detectar tendencias suicidas en redes sociales mediante el rastreo de ciertos patrones.

En este proceso de creación y desarrollo de esta iniciativa han participado universidades, hospitales, centros de investigación y fundaciones de España, Francia y Suiza. Ana Freire, estudiante de la UPF Barcelona School of Management, lidera al equipo.

«Lo que hacemos es intentar saber cómo se expresan o qué rasgos tienen los usuarios con alto riesgo de suicidio. Todo esto de manera completamente anónima. Después, lanzamos campañas dirigidas a usuarios que encajan dentro de estas características», explica Freire.

¿Qué hay detrás de los suicidios?

Después de un tiempo trabajando con expertos en salud mental, vieron que, «detrás del 90% de suicidios generalmente hay una enfermedad mental y la depresión es la más habitual». A partir de aquí empezaron a estudiar la depresión y los trastornos de la conducta alimentaria, el otro gran pilar en el que se apoyan los comportamientos suicidas.

«Para caracterizar a los usuarios utilizamos análisis de datos e IA, de manera que nos podemos descargar muchas publicaciones que hablan de suicidio, por ejemplo, y aprender cuáles son las características comunes a usuarios que están en riesgo. Alguna de estas características son demográficas. Por ejemplo, el perfil de usuario con anorexia suele ser el de una mujer de menos de 29 años. De hecho, más del 60% tiene menos de 19 años y muestra intereses en dietas muy estrictas, dietas veganas o tablas de ejercicios muy extremas. Nosotros lanzamos las campañas a estos usuarios», precisa Ana Freire.

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Las redes en las que trabajan, por el momento, son Instagram y Facebook. Los usuarios detectados reciben anuncios que ofrecen ayuda como el Teléfono de la Esperanza o el de Prevención al suicidio

«La primera campaña llegó a más de 600.000 personas y conseguimos aumentar en un 60% el número de llamadas al Teléfono de la Esperanza provenientes de redes sociales. Ves que realmente hay una necesidad de ayuda y que cuando se ofrece esta ayuda se aprovecha. Lo que queremos hacer nosotros es complementar la ayuda que ofrecen las consultas. Mucha gente que nunca recibe un diagnóstico porque no van a una consulta«.

Diagnósticos precisos con Aimentia

Edgar Jorba es el ingeniero de Tecnologías y Servicios de Telecomunicación a la cabeza del proyecto Aimentia.

Tuvo la oportunidad de colaborar con el Departamento de Innovación del Servicio de Psicología de un centro de salud en Barcelona, donde se dio cuenta de que los profesionales necesitaban herramientas más actuales.

Su proyecto, impulsado por  la Universitat Oberta de Catalunya trata de poner solución a esta necesidad. Con el uso de la inteligencia artificial, recogen datos de pacientes y crean un sistema que genera hipótesis sobre el problema y su posible solución.

«En salud mental el problema que tenemos es que muchas veces los cuadros clínicos no son tan definidos como los de medicina general, donde a menudo con pruebas empíricas es fácil poner un tratamiento. Esto en salud mental no siempre se puede realizar, por lo que necesitamos una parte de datos añadidos, como el entorno familiar, cosas que no son puramente orgánicas y que pueden aportar información a los médicos para entender mejor qué le está pasando a su paciente», expresa el ingeniero. 

Su equipo ha construido un lenguaje de programación basado en los síntomas y en los patrones no clínicos haciendo comparativas anónimas entre diferentes perfiles. Una especie de «asistente virtual» para psicólogos o psiquiatras. De esta manera se ofrecerá un diagnóstico más preciso ya que «el 50 % de los pacientes recibe un diagnóstico o tratamiento erróneo«.

Usos profesionales de la inteligencia artificial

Estos dos ingenieros nos hablan de lo que se está comenzando a utilizar: los chatbots. «Son robots conversacionales que pueden ayudar en terapias de salud mental. Sobre todo a los más jóvenes, hablar a través del texto directamente a lo mejor les resulta un poco más cómodo porque están acostumbrados a eso», señala Freire. 

Para Jorba los chatbots son un asunto delicado: «Es muy importante entender las capacidades que puede tener la IA y limitarla para proteger al paciente. Hemos encontrado casos como el de Nabla, que es un ‘chatbot‘ que hace unos meses hizo una prueba con pacientes y, desgraciadamente, recomendó a uno que se suicidase. Si no limitamos la capacidad de la IA y la ponemos a disposición de un paciente directamente, es algo peligroso porque no tenemos el control científico sobre ello». 

Por estos factores, los expertos en Inteligencia Artificial aun no están seguros de las «apps» de consumo libre. Advierten que en ningún caso deben sustituir por completo a la atención profesional o al contacto humano.

Imagen de Patricia García
Sobre Patricia García Patricia es una estudiante del último curso de Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad de Valladolid, donde descubrió su gran interés por la redacción. Motivada por el feminismo y la salud mental, la gran olvidada en las enseñanzas universitarias.
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