Foto: Afp



Era lunes, al inicio de las clases, cuando la tranquilidad del instituto Joan Fuster se vio  perturbada por un alumno de 13 años, estudiante de 2º de ESO en el centro, el cual entró armado con una ballesta modificada y con un machete de montaña, agrediendo mortalmente a un profesor al clavárselo en el tórax así como causando heridas a otras cuatro personas.

Según fuentes presenciales, el alumno entró buscando a su profesora que estaba con su hija y a las que hirió. Un profesor sustituto que llevaba dos semanas en el centro ha ido a socorrer a la profesora cuando ha sido herido mortalmente por el menor.

Ante el miedo de que el menor siguiera agrediendo a más personas, los demás profesores mantuvieron a los alumnos en sus clases. Una profesora avisó a la hermana del menor que se desmayó al conocer la noticia. Compañeros del menor aseguraron que había repetido en varias ocasiones la semana anterior que iba a matar a todos los profesores y, después, se iba a suicidar.

El agresor se refugió en los lavabos de la segunda planta, donde pudo ser reducido por un profesor de gimnasia, el cual esperó con él a que llegaran los Mossos d’Esquadra. Tras varias horas en el interior del instituto, sobre el mediodía, el menor abandonó el centro en una ambulancia en la que iba con sus padres. El juez ha reconstruido con él los hechos ya que por ser menor no se le puede interrogar sino que se le explora.

Quizás éste – por ser el más reciente – es el caso que más vivo y presente que tenemos en la memoria. Poco después, la explicación oficial fue que el menor “oía voces que le impulsaban a matar” y, por tanto, que era posible que hubiera tenido un brote psicótico.

Sin embargo, y desgraciadamente, los casos de niños homicidas son más de los que pudiéramos llegar a creer. Cuando me empecé a documentar para este artículo tenía en la memoria algún caso pero nunca pensé que la lista fuera tan larga y terrible. Por cuestiones de espacio – y de evitarnos  un morbo innecesario- aquí viene una relación de unos pocos pero son muchísimos más los que me he dejado guardados

Los niños asesinos de Liverpool

James Patrick Bulger de dos años paseaba con su madre por un grandes almacenes  de Liverpool cuando fue secuestrado por  Robert Thompson y Jon Venables, ambos de diez años. Fue sometido a tortura durante horas antes de ser atado a las vías de un tren. Su cuerpo fue encontrado en condiciones deplorables y los dos niños responsables del asesinato fueron condenados por secuestro y asesinato el 20 de febrero de 1993. Los informes forenses sacaron a la luz que el pequeño fue pateado brutalmente, se le arrojó pintura en los ojos y  lo golpearon con una barra de 10 kilos en la cabeza, causa de la muerte. Después, fue puesto sobre las vías del tren.

Los investigadores dieron con los responsables ya que las imágenes de la cámara de seguridad de los grandes almacenes fueron difundidas por la prensa. Los homicidas permanecieron encarcelados hasta los 18 años, siendo liberados en junio de 2001. Uno de ellos fue acusado de posesión y distribución de pornografía infantil el 21 de junio 2010 y condenado a dos años de prisión. 

El niño acosado

Eric Smith, de 13 años, sufría acoso escolar desde hacía varios años debido a sus grandes lentes y sus pecas. Fue hallado culpable del asesinato de Derrick Robie, un pequeño de cuatro años a quien golpeó con piedras y estranguló. Nunca declaró el motivo por el cual asesinó a Derrick. Un psiquiatra diagnosticó que tenía trastorno explosivo intermitente, es decir,  que no podía controlar la rabia interior. Smith fue juzgado como adulto y fue a prisión. Actualmente continúa allí ya que se le denegó la libertad condicional en cinco ocasiones.

Asesinó a su vecina

Joshua Phillips de 14 años  golpeó a su vecina de ocho años hasta matarla y escondió su cuerpo bajo su cama durante una semana. La madre de Joshua fue quien encontró el cuerpo sin vida de la pequeña a causa del olor fétido que había en la habitación. Phillips  confesó haber matado a su vecina mientras jugaba con ella. La madre salió corriendo de la casa y Joshua aprovechó para apuñalar el cuerpo 11 veces. Fue condenado a cadena perpetua en 1999. 

niños homicidas
George Stinney

El primer niño condenado a muerte

George Stinney  de 14 años se convirtió en 1944 en la persona más joven en ser ejecutada legalmente en USA. Fue condenado por el asesinato de dos niñas : Betty Jane Binnicker (11 años) y Mary Emma Thames (8 años). Ambas fueron encontradas con fracturas de cráneo. Stinney  confesó los crímenes y explicó  que había intentado tener relaciones sexuales con una de las niñas pero como se negó la mató a ella y a su amiga. Fue juzgado como adulto y condenado a morir en la silla eléctrica. 70 años después – en 2014 – se descubrió que no había tenido un juicio justo y que, de hecho, no existían pruebas ya que su hermana estaba con él el día  de los crímenes. 

La niña asesina en serie

En 1968, Mary Flora Bell de 11 años se convirtió en la primera niña asesina en serie. Una de sus víctimas fue Martin Brown de 4 años a quien estranguló.Seis días después le mutiló los genitales y le cortó parte del cabello a Brian Howe de 3 años. La niña fue condenada a prisión de forma indefinida pero en 1980 salió libre.

Un caso muy parecido al de Barcelona

En febrero de 1996, un tiroteo en Frontier Middle School ,en mitad de clase  acabó con la vida de dos estudiantes y un profesore hirió a otros alumnos. El autor fue un menor de 14 años llamado Barry Dale Loukaitis, que experimentó delirios mesiánicos antes de disparar. Iba vestido como un pistolero del Oeste y armado con un rifle y dos pistolas de su padre. Los estudiantes fueron amenazados con otro tiroteo durante varios minutos hasta que un ayudante de gimnasio redujo al chico (se observan muchos paralelismos con lo ocurrido en IES Joan Fuster).

En su familia, existen antecedentes de trastornos psicológicos y, además, Barry es posible que se viera influenciado por el videoclip de Pearl Jam, «Jeremy»  que muestra a un joven cometiendo suicidio en frente de sus compañeros de clase y profesor.  Barry se enfrenta actualmente a dos sentencias de cadena perpetua y 205 años de prisión adicionales.

La canguro

Kathleen Grossett-Tate estaba cuidando a Tiffany Eunick, la hija de una amiga. Esa tarde la madre de Tiffany la dejó en casa de Kathleen, y dijo que la recogería unas horas más tarde. Esa noche, Kathleen se quejó de dolor de cabeza y fue al piso de arriba a acostarse un rato dejando a la pequeña en compañía de su hijo de 14 años Lionel Tate mientras veían la tele. Sobre las 10 de la noche, escuchó un alboroto y gritó que se estuvieran quietos, pero no fue a comprobar el motivo de los gritos, pensó que estarían jugando.45 minutos más tarde, Lionel subió y dijo a su madre que la niña no respiraba. Explicó que habían estado jugando a luchar, cuando la niña tropezó y se golpeó la cabeza con la mesa. La autopsia reveló que el hígado de la niña había sufrido daños debido a los golpes que recibió. Además, su cráneo y dos costillas estaban partidas, y tenía otras 35 lesiones por el cuerpo. Tate cambió su testimonio diciendo que la niña se cayó por las escaleras. Por esto, fue sentenciado a cadena perpetua sin libertad condicional en 2001, pero su sentencia fue cambiada, ya que su abogado determinó que las pruebas mentales pertinentes no habían sido realizadas. Por lo que fue puesto en libertad en 2004.

En 2005, fue detenido por atraco con violencia a un repartidor de pizzas a quien le robó el dinero que llevaba y un pedido por valor de 33 dólares que iba a entregar. Fue hallado culpable de robo con intimidación, posesión ilegal de armas y violación de su periodo de prueba. Por lo que fue condenado a 30 años de prisión.

El olor de la química

Desde muy pequeño, Graham Young había estado fascinado por la química y los efectos de las sustancias en el cuerpo humano. Su otro gran interés, era idolatrar asesinos tales como Dr. Hawley, Crippen, Willam Palmer o Adolf Hitler. Young empezó a experimentar con sustancias cuando tenía 14 años, y cuando compraba sus ingredientes decía que eran para un experimento de clase. Su familia y amigos fueron sus víctimas. Su padre se puso enfermo, originalmente pensó que se trataba de un virus. La misma enfermedad atacó a su madrastra y hermana. Los tres sufrían de diarrea, vómitos y dolores corporales. En 1962, su madrastra murió por envenenamiento.

A los 14 años, Young ya sabía sobre química más que un licenciado , todo aprendido por sí mismo en la biblioteca. A veces, su propio veneno le afectaba a él, cuando se olvidaba en qué alimentos lo había puesto. Fue descubierto por un profesor que inspeccionó su taquilla tras un día de clase al sospechar de su actitud ya  que sugería realizar extraños experimentos. El profesor encontró botellas con veneno, artículos sobre prisioneros famosos por asesinatos, y bocetos de dibujo de personas moribundas. Entonces, llamó a la policía. Young fue enviado a un hospital mental de máxima seguridad, pero eso no le detuvo a la hora de seguir probando sus venenos en el personal del hospital y sus compañeros, uno de los cuales murió.

Young fue puesto en libertad a los 23 años, su hermana le acogió en casa. Su obsesión por el veneno continuó, y sus víctimas eran sus compañeros de trabajo. Young fue posteriormente mandado a prisión al ser detenido en posesión de antimonio, talio y aconitina, donde murió de un infarto años más tarde.

Estos son algunos pocos de los inacabables ejemplos que podríamos explicar de niños homicidas. Pero, una vez visto que sí, que no es un mito, que los niños también matan la pregunta es ¿por qué? Vamos a tratar de desvelar esta incógnita.

Como hemos visto, en algunos casos aparece asociada una sintomatología psicológica o psiquiátrica. Sin embargo, en muchos otros, deberíamos empezar hablando de cuál es el perfil del menor delincuente.

Perfil del menor delincuente

1.- Edad: Entre los 14 y los 15 años, es una edad crítica ya el 50% de los homicidios realizados por menores se da en esta franja de edad.

2.- Impulsividad: Es un menor de carácter inquieto y poco reflexivo, que no planea sus actos antes de llevaros a cabo.Por tanto, es capaz de causar daños que no ha previsto, aumento la peligrosidad debido a su impredictibilidad.

3.-Afán de protagonismo: El menor delicuente presenta un espíritu de liderazgo que desea sobreponer al del resto de iguales, lo cual  va ligado a una búsqueda de sensaciones que genera que el menor se involucre en situaciones, cada vez, más problemáticas

4.- Fracaso escolar: Esté puede deberse a diferentes causas siendo el primero de ellos, el feedback que se produce entre fracaso escolar y baja autoestima, circulo que se retroalimenta de forma constante. Este fracaso escolar va ligado a situaciones conflictivas, a la rebeldía y a la disnomia o el choque constante contra las normas, especialmente, escolares.

5.- Drogas: Como decía antes, la búsqueda de sensaciones, lleva a las drogas. ¿Cuándo se convierte en un problema de consecuencias difícilmente conmesurables? Al convertirse en una adicción

6.- Baja autoestima: diferentes factores pueden influir en el estado de ánimo del menor, pero todo ello repercute en sus acciones. Igual que antes, si hay fracaso escolar, por ejemplo, la autoestima está muy baja.

7.- Familia desestructurada: actos negligentes de los padres o una desatención constante, dan una sensación de “todo vale”. Por otra parte, un delincuente infantil y, por extensión, un niño homicida “…raramente innova o crea, generalmente se limita a realizar conductas donde imita y repite lo que ve…” ( Fornari, 1987).

8.- Clase socioeconómica baja: En sí misma, no es la clase la que genera niños homicidas sino las subculturas delincuentes que en ella aparecen debido a la falta de control parental.

9.- Falta de afectividad: no sólo están faltos de afectividad sino  que están faltos de conceptos como el remordimiento y la culpa, porque no los han aprendido.

10.- Agresividad: Los menores agresivos – como ya hemos dicho en otros post – son aquellos que ejercen violencia sobre otra persona y su voluntad, mediante la fuerza física o amenazas para obligarle a realizar alguna cosa que no desea.

11.- Falta de habilidades sociales: Cómo hemos repetido diversas veces, existe una búsqueda de sensaciones, cosa que podríamos considerar normal, siempre y cuando se mantuviera bajo control. Además, sus razonamientos son poco elaborados a nivel cognitivo.

12.- Escaso equilibrio emocional: Suelen presentar un trastorno de personalidad antisocial, acompañada de un bajo apoyo afectivo familiar y una baja autoestima ligada a esto mismo, entre otros factores.

13.- Inadaptación: Estos menores tienen una pobre socialización, basada en la baja capacidad de crear y mantener amistades lo cual les produce frustración.

 ¿Existen diversos estilos delictivos?

Teniendo en cuenta a Urra (1997), podemos afirmar que se puede observar:

1.- Reacción social agresiva: Son aquellos menores que han sufrido un fuerte rechazo por parte de sus padres – generalmente, como consecuencia de conflictos conyugales – y, por tanto, no han vivido un modelo uniforme ni de disciplina  ni de afecto, lo cual debemos recordar que es necesario para el desarrollo normal de los niños. A partir de aquí, es habitual que se produzca un trastorno negativista desafiante, es decir, un trastorno de la conducta que se mantiene más de seis meses; desafío y discusión con adultos, encolerizarse, molestar deliberadamente a otros, rencoroso y susceptible, todo ello acompañado de una baja tolerancia a la frustración.

2.- Reacción de huida: Igual que en el caso anterior, la causa es un rechazo paterno pero la reacción del menor es la evitación o huida. Muestran una personalidad débil, desconfiada, se sienten maltratados, solos e inútiles y no suelen ser bien aceptados en un grupo.

3.- Reacción de delicuencia en grupo: se toma el grupo como un identificador para desarrollar una función adaptativa al ambiente. En este grupo, el menor se siente aceptado, cosa que no ocurre en su familia desestructurada

4.- Psicosis: El menor tiene un trastorno mental de tipo psicótico que puede ser; trastorno paranoide de la personalidad, esquizotípico, esquizofreniforme, etcétera.

5.- Personalidad antisocial: Menores con problemas de socialización, tendencia a culpabilizar a los demás de sus problemas y actuaciones y a negar su propia culpa, locuacidad y encanto superficial, autoestima muy elevada, narcisismo, egocentrismo elevado, falta de empatía, impulsividad, violencia, …

Factores de riesgo

1.- Factores familiares: entre los que se encuentran.

Falta de control por parte de los padres.

Actitudes crueles, violentas, pasivas o negligentes de los padres.

  • Disciplina extrema.
  • Conflictos familiares y, generalmente, conyugales debidos a divorcio.
  • Familia numerosa.
  • Malos ejemplos de conducta por parte de figuras de referencia.
  • Falta de comunicación padres-hijos.
  • Carencias afectivas.
  • Falta de enseñanza de valores.
  • Marginación socioeconómica.

joan2Si los menores se hallan en un ambiente en el que la violencia es respuesta común, ello les condiciona; así, hay niños viviendo en un ambiente de violencia en el que, de esta forma, se resuelven las discusiones. Es lo que han aprendido desde que son bebés, que es una herramienta social de uso común. Y, por tanto, lo usan. Es lo que le ocurrió, por ejemplo, con el asesino de Kayla Rolland, de seis años. Una disputa entre los dos y el niño cogió un arma de su casa, fue al colegio y la mató.

Falta de afectividad emocional, sentimientos de soledad, odio al mundo,abandono, pobreza, y malos tratos son ingredientes comunes de muchas de estos casos ya que dichas condiciones de vida pueden alterar las estructuras cerebrales que controlan. los estudios muestran que determinadas condiciones de vida pueden llegar a alterar las estructuras cerebrales que controlan los impulsos.

Sin embargo, más del 90% de los menores condenados por homicidio entre 1994 y 2001 pertenecían a familias normales, que no habían vivido en un entorno violento

Un estudio revela que el 54% de los muchachos tiene una posible patología,  que  no ha sido detectada ni por la familia ni por la escuela y que, por tanto, no tiene un tratamiento psicológico adecuado.El 42% restante es un grupo de niños,  aparentemente sanos, que residían con sus padres y en un ambiente sin particular violencia.

2.- Factores escolares: el colegio es el primer centro de socialización que el menor encuentra fuera de su hogar. Será allí dónde encuentre su primer grupo de iguales y dónde tenga que enfrentarse a las primeras situaciones sin su referente familiar.Los factores más influyentes son:

  • Fracaso escolar
  • Vandalismo

Sin embargo, la escuela es el lugar preferido para matar; en ella, se cometen el 36% de los homicidios, mientras que en el hogar se registran un 5% de muertes violentas.

Allí, compañeros y amigos son el primer objetivo, al menos, según un estudio en el que se pone de manifiesto que los mismos son el centro de las iras en el 33% de los casos. Los desconocidos,  representan el 28% y los profesores, el 17%. La familia es el resto: la madre, el 11%; el padre, el 6%, y los hermanos, el 5%.

Asimismo, el estudio desvela que en el 30% de casos, los niños usan una arma de fuego –la escopeta de caza de algún familiar– y un 26% , una arma blanca: la navaja o el cuchillo de cocina. Los estrangulamientos con las manos o cuerdas representan el 22% y los golpes, el 18%. En un 4% de los casos estudiados  hay agresión sexual.

3.- Clase social: No por el mero hecho de que un menor sea de clase social baja se verá abocado a una vida de delincuencia, pero sí de personas con baja formación, con bajo control de las situaciones de riesgo y con un grupo de iguales que presentarán el mismo patrón familiar que su entorno

Convivir en una ambiente en el que la violencia es respuesta común condiciona  tal y como se demuestra en un estudio, centrado en dos muestras de población infantil: una de 50 niños y adolescentes, condenados entre 1998 y  2001, y la otra de 14, sentenciados entre 1994 y 1998. Ambos colectivos  son niños y adolescentes entre 13 y 17 años, residentes en España, una tercera parte de los cuales viven en Cataluña.

A partir de este estudio, observamos que la edad crítica se sitúa entre los 14 y los 15 años. En esa etapa, que se ha revelado crítica, se registraron un 50% de los homicidios.

El estudio revela que los menores mataron por un impulso incontrolado en el 54% de los casos  así como por desprecio y crueldad en otro 12%. Otras causas para matar a  una persona fueron, por este orden, la notoriedad (8%), la inducción (8%), el vandalismo (6%), el brote psicótico (4%), los celos (4%) y la xenofobia (4%).

4.- Temperamento:los principales elementos temperamentales que podrían favorecer la aparición de la violencia, son:

  • dureza emocional:  se puede manifestar en indiferencia hacia los demás, insensibilidad o falta de empatía, frialdad, o crueldad,  en casos extremos. “Si no siento, no sufro”, es la lógica del niño con dureza emocional como respuesta a un entorno que le genera malestar, siendo que el mismo puede pasar desde manifestarse a nivel familiar en  unos padres que golpean, hasta  unos padres  que son fríos, distantes e indiferentes  Sobre esto, dice el psicólogo Andrés Pueyo: “En estos niños, el castigo no sirve de nada. Ni el castigo físico, ni la amenaza, les produce el más mínimo impacto”.
  • impulsividad Presentan muchas dificultades de autocontrol.
  • ausencia de miedo, con una cierta incapacidad para comprender o visualizar los efectos de las acciones que emprenden.

5.- Psicopatología:

  • 54% de los homicidas presenta algún tipo de trastorno de la personalidad o conducta antisocial. Sabían lo que hacían pero su conducta era anormal
  • 4% ha actuado bajo los efectos de un brote psicótico, es decir, un trastorno mental severo que anula la voluntad.
  • 42%  son chicos, aparentemente, normales que viven  en familias, también aparentemente, normales. 

6.- Neurobiológicos: Estudios clínicos muestran que “niños sometidos a malos tratos sistemáticos tienen la amígdala hasta un 12% más reducida”, y la amígdala tiene como función principal el proceso y almacenamiento de reacciones emocionales. Algo parecido sucede cuando el niño,  tortura animales, ya que se ha demostrado que la repetición de actos crueles termina por disminuir las conexiones y estructuras cerebrales vinculadas a la empatía, lo cual es muy superior en niños ya que su cerebro es más maleable porque está en fase de maduración.

7.- Videojuegos de violencia: los niños y los adolescentes viven un permanente bombardeo mediático relacionado con lo que podría ser una visión militarizada, unido a los programas televisivos y a los videojuegos en los que hay terror y catástrofes.

Son juegos de guerra que van dirigidos a ese sector de la población para su entretenimiento, en los que se trata de matar a los personajes y que los niños o los jóvenes, encuentran divertido. Sin embargo, el niño es muy susceptible de copiar las conductas que ve y ante ello, se debe tener un mayor control en ese tipo de diversiones para que no se conviertan en testigos de violencia.

Qué hacer ante un niño homicida

– Dependiendo de la edad del menor, se seguirán las medidas previstas en la Ley Orgánica del Menor.

–  Nos podemos preguntar; la violencia, ¿se hereda o se aprende?  Parte, se hereda pero, también,  se aprende. Lo que no está claro es en qué proporción se combinan ambos factores en cada caso. Si un niño tiene un temperamento proclive a la violencia y nadie le pone límites desde muy pequeño, las posibilidades de que la educación pueda llegar a modular su comportamiento son cada vez menores. Pequeñas transgresiones que no se han controlado a los tres años pueden dar lugar a una conducta incorregible a los diez. Por tanto, es muy importante poner límites y normas.

– Mediante políticas públicas se debe mostrar que la violencia no es un código de relación, ni de convivencia, esto implica, por supuesto, perseguir y sancionar a los responsables de ese fenómeno contra niños, luchar contra la impunidad y sancionar a funcionarios implicados. En esa proporción veremos que irá reduciéndose la violencia.

– Intentar limitar el tiempo de los  menores ante cualquier tipo de dispositivo móvil, controlando el acceso a contenidos violentos mediante control parental.

– Alejar a los menores del progenitor/a maltratador/a en una familia que se hallé en conflicto conyugal, lo cual implica estar atento ante el tipo de custodia de dicho menor. Un error puede provocar que la imitación por convivencia con un maltratador/a, conlleve, en muy poco tiempo, un niño o un adolescente maltratador y, después, homicida.

– Recordar que los niños y los adolescentes también precisan de un psicólogo, ante la más leve sospecha de patología.