Qué es la masculinidad tóxica y cómo suele expresarse

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Desde hace unos años el discurso feminista ha tomado fuerza en los medios y se ha ido extendiendo por todas las capas de la sociedad. Cada día más mujeres toman conciencia de su situación, de las desventajas a las que se enfrentan día tras día, y comienzan a entrever los privilegios de los que disfrutan los hombres en comparación.

Es en este contexto cuando surge el concepto de masculinidad tóxica, que se refiere a una serie de comportamientos perpetuados por los hombres y basados en la misoginia. Entre estas actitudes podemos encontrar la violencia, la falta de sensibilidad o la dominancia, entre otros, pero ¿De dónde surge la masculinidad tóxica y por qué deja su rastro en la actitud de todos los hombres, si ninguno nace ni crece en las mismas condiciones biológicas y sociales?

La respuesta está en la construcción del género. El género es un constructo social que se crea en base al sexo de un bebé cuando nace. A diferencia del sexo, que depende de ciertos caracteres biológicos, el género bebe, en muchas ocasiones, de aspectos puramente culturales, que nada tienen que ver con la biología. Por ejemplo, a las mujeres se les atribuye una mayor sensibilidad, pero esta característica no tiene nada que ver con el condicionamiento biológico, sino que responde a las diferencias en la educación que se les da a las niñas y a los niños.

Al educar en base a prejuicios sexistas, la educación de la mayoría de los niños y su posterior construcción de la persona tienen ciertas similitudes. Y es entre estas similitudes donde encontramos la masculinidad tóxica.

¿De dónde viene la masculinidad tóxica?

En la construcción de la masculinidad intervienen un montón de prejuicios que, si eres hombre, pueden llevarte a desarrollar conductas tóxicas.

El concepto de masculinidad está estrechamente ligado a la fortaleza, definida como la «capacidad para soportar problemas y adversidades». Los niños y adolescentes crecen sintiéndose obligados a ser fuertes, por lo que, ante los problemas y adversidades, no se permiten dar rienda suelta a sus emociones. Tópicos como aquel que dice que «los chicos no lloran» pueden afectar gravemente a la salud mental de los hombres y, sin duda, afectar también a aquellos que les rodean.

Así, los hombres criados por la cultura heteropatriarcal se identificarán con la capacidad de dominancia y se creerán con la libertad de ejercer su poder sobre las mujeres. La masculinidad tóxica, estrechamente ligada a la heterosexualidad y al dominio sexual, hace que los hombres desarrollen conductas misóginas y homófobas.

Esto se debe a que, en un contexto donde lo masculino es sinónimo de fortaleza, lo femenino, entonces, implica debilidad. Y eso no solo pone a las mujeres por debajo de los hombres en el imaginario colectivo, también echa abajo a todos esos hombres que no encajan en los tópicos de la masculinidad. ¿Te suena de algo la historia del niño marginado por sus compañeros de clase por preferir «las cosas de niñas» al fútbol? Eso no es más que un ejemplo temprano de la masculinidad tóxica.

masculinidad tóxica

Cómo afecta la masculinidad tóxica a uno mismo y a los demás

  • Los efectos sobre la salud mental

La fortaleza a la que se ven adscritos desde prácticamente el final de la niñez, empuja a los hombres a encerrarse en sí mismos y nunca compartir lo que sienten. Ser sensible no es típicamente masculino, pero por mucho que te esfuerces en esconderlo, seguirás teniendo sentimientos.

El estigma en torno a los sentimientos supone una trabaja para la salud mental de los hombres, que encuentran dificultades para expresar lo que sienten y, por lo tanto, para distinguir lo que es sano sentir y lo que no. Además, como tampoco es «de fuertes» pedir ayuda, muchos conviven de manera silenciosa con sus problemas psicológicos, lo que les puede llevar al suicidio, una de las mayores causas de muerte entre los hombres en todo el mundo.

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  • Los efectos en las relaciones con los demás

También derivados de la dificultad de expresar emociones surgen los problemas en las relaciones de los hombres con las personas que les rodean.

El muro que gran parte de los hombres construyen en torno a los sentimientos envenena las relaciones sentimentales en muchas ocasiones. Ante la falta de reciprocidad en torno a las muestras de cariño, muchas relaciones terminan por enfriarse, con uno de los miembros creyendo que la otra persona no siente lo mismo.

Algo similar pasa con las relaciones familiares y las amistades. Desde padres que nunca supieron cómo expresar el amor que sentían por sus hijos, porque nadie les había dado las claves para dar rienda suelta a sus emociones, hasta amigos que pierden el contacto por no ser capaces de mostrar lo que significaba esa amistad para ellos.

  • Los problemas sexuales

La masculinidad tóxica está estrechamente relacionada con el culto al falo. Es una creencia extendida que el poder del hombre emana de su capacidad reproductiva y, por lo tanto, los hombres no deberían poner coto a sus impulsos sexuales.

Esto, presenta un problema que se divide en dos vertientes muy diferentes:

Los hombres se ven presionados a mantener una vida sexual activa en todo momento, a vivir en torno a su sexualidad y expresarla abiertamente. Las altas expectativas en torno a la actividad sexual de los hombres ha llevado a muchos de ellos a desarrollar problemas de impotencia.

En el otro extremo, encontramos el efecto que el libertinaje sexual de los hombres ejerce sobre las mujeres. Los hombres crecen creyendo que el sexo es un deseo que las mujeres tienen la obligación de complacer. De ver a las mujeres más como un objeto de deseo que como una persona, surgen multitud de problemas: el acoso callejero, el acoso sexual, las violaciones e incluso muchos casos de violencia de género.

En los últimos años, numerosas mujeres han alzado la voz contra la violencia sexual, popularizando movimientos como el #MeToo, que surgió en sus orígenes para denunciar el acoso ejercido por el productor de cine Hervey Weinstein. También numerosas marcas han alzado la voz contra la masculinidad tóxica.

Algunos ejemplos de masculinidad tóxica

  • Los micromachismos

De un tiempo a esta parte, el término «micromachismo» se ha popularizado y hasta ha llegado a copar los titulares de los medios. Se trata de pequeñas discriminaciones que, pese a no ser especialmente graves, perpetúan la posición de poder del hombre frente a la mujer.

Dentro de estos micromachismos, también encontramos algunos términos que empiezan a extenderse. El mansplaining es uno de ellos: consiste en la tendencia de los hombres de explicar cosas a las mujeres de manera condescendiente y es especialmente grave cuando ocurre en temas que ellas dominan mejor. El término manspreading se creó para denominar esa costumbre de algunos hombres que, en los espacios públicos, se abren de piernas y no respetan el espacio ajeno.

mansplaining
  • Las actitudes violentas

A lo largo de la historia, el poder se ha ejercido mediante la violencia. Por lo tanto, algunos hombres se ven legitimados a mostrar su hombría, su supuesta superioridad sobre el resto, mediante el uso de la violencia. Esto es algo que se debería atajar desde la más tierna infancia: en lugar de decir «los niños son así» cuando se pegan en el parque, se les debería enseñar que la violencia nunca es la solución, porque los niños violentos se convertirán en hombres violentos en un futuro.

La violencia de género, ejercida hacia las mujeres por el hecho de ser mujeres, como acto de sometimiento, es otra de las consecuencias de la masculinidad tóxica. También lo es, en muchas ocasiones, la homofobia: el rechazo hacia los hombres homosexuales se da, en muchos casos, porque estos no se adaptan a los roles de género impuestos.

Incluso la alta tasa de criminalidad entre los hombres puede explicarse debido a la masculinidad tóxica y a su tendencia a la violencia.

  • La falta de cuidados

No importa si hablamos de los cuidados del hogar o de cuidados emocionales, el verbo cuidar sigue pareciendo hecho para las mujeres. Hace no tanto, el papel de las mujeres quedaba relegado al hogar, lo que las obligaba a depender económicamente de sus maridos. Durante la segunda mitad del siglo XX las mujeres salieron al mercado laboral, pero los hombres no entraron en las casas: por lo tanto, las mujeres tenían dos trabajos, uno fuera de casa y otro dentro, sin remuneración alguna.

Aunque la tendencia cambia lentamente, aún son las mujeres quienes se encargan mayoritariamente del cuidado de la casa.

Cuando se habla de cuidado emocional, ocurre algo similar. Ante la incapacidad de los hombres para expresarse, son las mujeres quienes se tiene que hacer cargo de la salud de las relaciones amorosas. La falta de cuidado afectivo lleva a muchas mujeres a romper con sus parejas sentimentales, pues no se sienten apreciadas por ellos.

Las nuevas masculinidades

Ante la problemática de la masculinidad tóxica, que afecta negativamente tanto a hombres como mujeres, desde el feminismo proponen la deconstrucción de la masculinidad tradicional. Esto pasa por revertir los roles de género que empeoran las vidas de hombres y mujeres y, en especial, porque los hombres comiencen a ser conscientes de las formas que tienen de ejercer su dominio sobre las mujeres para comenzar a corregir sus actitudes misóginas.

Acabar con la masculinidad tóxica no es fácil, pero hay ciertas cosas que todos podemos hacer para ponerle freno: desde comenzar a hablar de los sentimientos de los hombres con total naturalidad, hasta dejar de normalizar la violencia y educar a los niños y niñas en igualdad, enseñándoles a cuidar de sí mismos y del resto.

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Imagen de Lucía Lorenzo
Sobre Lucía Lorenzo Lucía Lorenzo es una estudiante del último curso de Periodismo en la Universidad de Valladolid, donde descubrió su gran interés por los temas relacionados con la salud, especialmente con la salud mental, la gran olvidada en las enseñanzas universitarias. Entre sus inquietudes se encuentran el feminismo y los derechos LGBT. Ganadora de un premio de relato corto en el año 2013, disfruta escribiendo tanto noticias como ficción.

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