Cuando hablamos del proceso adictivo que llevan asociado muchas sustancias y actividades, en la mayoría de las ocasiones no sabemos concretar cuál es el grado de dependencia de una persona con respecto a las mismas…

Como ocurre con muchos aspectos de la vida, llegar a la adicción también forma parte de una escala, un proceso adictivo en el que no pasamos del extremo no patológico a la adicción, sino que tiene lugar todo un continuum de estado que hoy vamos a intentar dejar claros.

Gradiente

En la figura anterior, podemos observar que existen tres «pasos» o «escalones» previos a la adicción y en los que puede ser fundamental buscar ayuda para superar la adicción y evitar las graves y difíciles consecuencias que, a ciencia cierta, traerán consigo la adicción con sustancia (alcohol, cocaína, cannabis, etc.) o sin ella (juego, videojuegos, internet…).

Pues bien, ¿qué implica cada nivel?, ¿en qué se diferencian del resto?

  • Uso no patológico: es aquel  que tiene lugar cuando la persona es totalmente capaz de controlar su consumo. No existe la necesidad física ni psicológica de recurrir a ninguna sustancia y, además, el consumo de la misma no sigue ninguna frecuencia concreta y obedece a situaciones o contextos que tienen lugar de forma esporádica.
  • Uso problemático: o como lo define la OMS, «consumo perjudicial», es aquel que ya afecta a la salud física y mental y que es independiente de la cantidad consumida. Es decir, está en base a la tolerancia de cada persona.
  • Abuso: en este caso ya no sólo hablamos de una afectación física y psicológica, sino que empezamos también a observar que se deteriora significativamente la vida de la persona que abusa: abandono de obligaciones personales, problemas legales, consumo regular a pesar de las consecuencias sociales y en cualquier situación…
  • Dependencia/Adicción: llegamos a este punto cuando la sustancia o actividad se convierte en la máxima prioridad en la vida del individuo. En función de cada adicción/dependencia tendrá lugar un conjunto de manifestaciones (tanto físicas como psicológicas), pero en general lo más característico de todas ellas será el deseo constante e irrefrenable de ingerir la droga o realizar la actividad a la que se es adicto.

Aunque podemos establecer que, a rasgos generales, estas son las implicaciones de cada estado, lo cierto es que no existe consenso entre el DSM y la CIE, ambos manuales de referencia en el trabajo del diagnóstico clínico. Los síntomas necesarios para dicho diagnóstico son en esencia los mismos, pero se les atribuye distinta importancia a los procesos relacionados con la tolerancia  y la abstinencia. De todas formas, se usen los criterios que se usen, lo importante es realizar una evaluación amplia e individual de cada caso para trabajar con las herramientas y métodos más adecuados.

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