Jefes tóxicos: cómo son y sus consecuencias para la salud mental

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Seguro que no te resulta muy difícil pensar en alguien de tu entorno que odia su trabajo, o a su jefe. Quizá hasta a ti te carcomen los nervios cuando llega la tarde del domingo y el breve descanso del fin de semana comienza a esfumarse en medio de una cuenta atrás, ante la amenaza de un nuevo lunes. Parece algo normal, un tópico que plaga cientos de películas y millones de chistes fáciles, pero la desmotivación en el trabajo puede afectar seriamente a tu salud emocional y quizás sea culpa de tu jefe.

¿Alguna vez has sentido miedo ante la sola idea de acudir a una reunión? ¿Has escuchado broncas a tus compañeros mientras ellos agachaban la cabeza? ¿Han menospreciado los logros de tu equipo e incluso se han llegado a apropiar de los méritos que habéis conseguido sin daros crédito alguno? Si la respuesta a una de estas preguntas ha sido «sí», entonces quizás tengas la desgracia de haberte topado con un jefe tóxico.

¿Qué son los jefes tóxicos?

En primer lugar, hay que dejar claro que los jefes tóxicos son los causantes del mal ambiente en el lugar de trabajo.

Se trata de personas manipuladoras e irrespetuosas, expertas en tratar mal a sus empleados y en crear un ambiente de trabajo perjudicial para la salud mental de los demás y también para los resultados de la empresa. El silencio que rodea a sus actitudes puede llevar a pensar a quienes lo sufren que viven un fenómeno aislado, pero no es cierto. Ana María Castillo y Juan Carlos Cubeiro, autores del libro «Nuevo management para dummies«, afirman que el 40% de los jefes son tóxicos.

Aunque no hay una descripción común que pueda hacer justicia al retrato de todos los jefes tóxicos, sí que es habitual que reúnan ciertas características. La impaciencia y la irritabilidad son comunes a muchos de estos jefes tóxicos, incapaces de entender los tiempos del lugar de trabajo. Su impaciencia suele derivar de la creencia de que son superiores, y no solo en la jerarquía empresarial: suelen considerarse más inteligentes que el resto, por lo que tienden, o bien a desesperarse ante la «incompetencia» de los demás, o a comunicarse con ellos como si fuesen niños incapaces de comprender razonamientos complejos.

Este tipo de actitudes suelen estar provocadas por una escasa inteligencia emocional que les hace carentes de empatía y les vuelve incapaces de comunicarse correctamente y con respeto, teniendo en cuenta el impacto que tiene su actitud en el estado de ánimo de quienes les rodean.

¿Cómo distinguir a un jefe tóxico?

Hay diferentes tipos de jefes tóxicos: desde el que humilla públicamente a sus trabajadores, pasando por el que no respeta los descansos y pretende que estés disponible las 24 horas del día, hasta el controlador que supervisa cada pequeña tarea que te manda porque no confía en que seas capaz de sacar un buen trabajo adelante. Sin embargo, hay ciertas señales que te pueden ayudar a reconocer a un jefe tóxico:

  • La mala comunicación

Una buena comunicación es fundamental para cualquier relación. Más aún si de esa relación depende el buen funcionamiento de la empresa y el nivel de vida de los que dependen de ella.

No obstante, los jefes tóxicos no suelen ser buenos comunicadores: a la hora de expresarse, pueden, o bien explicarse indebidamente, o bien menospreciar la capacidad de comprensión de sus empleados. La escucha suele ser nula, e incluso pueden llegar a interrumpir al resto cuando hablan, lo que les vuelve ajenos al trabajo del equipo.

Esto provoca que haya malentendidos a la hora de presentar los resultados, porque si los empleados se saben ignorados, o creen que sus dudas no serán resueltas de manera comprensiva, no se comunicarán con el jefe y tendrán dificultades para llevar a cabo aquello que les pide.

  • El egocentrismo

Los jefes tóxicos piensan que siempre tienen la razón, por lo que no tienen en cuenta las opiniones ni las necesidades de su equipo, ni aceptan que se señalen sus fallos.

Al creerse mejores que el resto, no tienen ningún reparo en pasar por encima del resto, apropiándose de sus logros y llevándose el mérito del trabajo que otros han hecho, ya sea dentro o fuera de la empresa, porque solo les interesa su propio beneficio.

  • La irritabilidad

Las dificultades en la comunicación y la falta de autocrítica suelen traducirse en una paciencia escasa. Ante cualquier fallo, retraso o malentendido, un jefe tóxico estallará en un ataque de ira, llegando incluso a humillar a los trabajadores delante del resto de sus compañeros.

Pese a que odian los fallos, no suelen realizar críticas constructivas destinadas a mejorar los resultados de los trabajos que no les gustan.

  • La inflexibilidad

Los jefes tóxicos siempre estarán cómodos en la posición de superioridad en la que están encumbrados y nunca tendrán problemas con que todo siga exactamente igual.

Es por eso que suelen oponerse a cualquier innovación que pueda hacer peligrar lo más mínimo la estabilidad de la empresa, aunque el cambio pueda hacerles más competitivos. Ante el más mínimo bache, los jefes tóxicos tienen mucho que perder, por lo que se empeñarán en que todo siga tal y como está e intentarán hacer desapercibidos a aquellos que destacan por su creatividad o sus ideas innovadoras.

Esta situación puede desembocar en una fuga de talento de sus trabajadores hacia otras empresas más competitivas.

jefes tóxico
  • El exceso de control

El elevado autoconcepto que los jefes tóxicos tienen de sí mismos les lleva a pensar que ningún miembro de su equipo está a la altura de sus expectativas.

Por este motivo, muchos jefes tóxicos se ven incapaces de delegar del todo en sus empleados y llevan un seguimiento pormenorizado de cada tarea, creando un clima de vigilancia que acaba limitando la creatividad y generando malestar.

  • Las faltas de respeto

La escasa inteligencia emocional que demuestran muchos de estos jefes tóxicos les lleva a perder la perspectiva de que sus empleados son seres humanos con la misma dignidad que él y que, por tanto, merecen respeto.

La creencia de que son superiores al resto les puede llevar a humillar a los demás, a hacer comentarios malintencionados o directamente discriminatorios, o a hacer gestos que, sutilmente, menosprecien el trabajo de los demás.

  • Las expectativas poco realistas

El escaso espacio que los jefes tóxicos dejan para la comunicación les lleva a crearse expectativas poco realistas sobre la capacidad de producción del equipo y sobre su rendimiento.

A un jefe tóxico todo le parecerá poco, porque no tienen conocimiento de cómo funciona su equipo, de sus virtudes ni de sus defectos. Ante cualquier resultado, siempre exigirá más y, por lo tanto, no reconocerá el trabajo de su equipo.

Lejos de limitarse a los resultados, los jefes tóxicos también tienen expectativas irreales sobre los tiempos de trabajo. El exceso de exigencia de estos individuos les lleva a creer que los empleados deben de estar siempre disponibles, cargándoles de una cantidad de trabajo imposible de gestionar durante la jornada laboral.

Es común que aquellos que trabajan con jefes tóxicos se vean desmotivados, sufran de estrés o ansiedad e incluso lleguen a desarrollar depresión. Si crees que la actitud de tu jefe está afectando a tu salud mental, no dudes en ponerte en contacto con un psicólogo.

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  • Los conflictos

Allá donde van, los jefes tóxicos se encuentran rodeados de conflictos. Su falta de comunicación puede provocar malentendidos dentro del equipo y su irritabilidad puede minar la confianza que los trabajadores tienen en el resto de su entorno de trabajo.

Además, tienden a fomentar la competitividad, criticando el trabajo de los otros con sus compañeros a sus espaldas y menospreciando al resto en un intento de ganarse adeptos.

  • La manipulación

Pese a la escasa inteligencia emocional, los jefes tóxicos pueden llegar a ser personas muy inteligentes en otros aspectos, capaces de manejar a otras personas utilizando mecanismo como la culpa o el victimismo.

Pero no solo manipulan a las personas, también son capaces de revertir cualquier situación para echar las culpas de sus errores a otros y salir airosos, dado que responderles puede ser el comienzo de una nueva humillación.

¿Cómo afecta un jefe tóxico a su equipo?

La presencia de un jefe tóxico puede tener graves consecuencias sobre la salud mental de sus trabajadores. Un estudio llevado a cabo en la Universidad de Stanford concluía que aquellas personas que trabajaban sumidos en un ambiente tóxico tenían un 50% más de probabilidades de padecer problemas de salud mental que aquellos que trabajaban en un ambiente sano. Los resultados de otra investigación, en esta ocasión llevada a cabo por la Universidad de Manchester, seguían la misma línea: la presencia de un jefe narcisista en el lugar de trabajo aumentaba el riesgo de desarrollar un trastorno depresivo.

Tensión, estrés, falta de motivación e incluso miedo a ir a trabajar son tan solo algunas de las consecuencias de tener superiores tóxicos, pero las secuelas no se limitan al plano de lo mental. Algunas investigaciones científicas también han relacionado la influencia de los jefes tóxicos con la posibilidad de padecer problemas cardiovasculares.

corazón

No solo eso. Más allá de las consecuencias que pueden tener sobre la salud de sus empleados, la presencia de estos individuos suele minar la productividad y producir peores resultados que aquellos que se generan en ambientes sanos para los trabajadores.

¿Qué hacer si tienes un jefe tóxico?

En primer lugar, no tengas miedo de comentar lo que sientes con otras personas. Quizás pienses que puedes estar exagerando y que, en realidad, lo que ocurre no es tan grave como percibes. Hablar con otros compañeros y comprobar que no eres el único que se siente maltratado por tu jefe te puede ayudar a reunir las fuerzas necesarias para poner fin al problema. Además, ten en cuenta que, cuantos más seáis, más peso tendrá cualquier queja que hagáis.

Antes de ponerte en marcha, puedes hacer inventario de todas las ocasiones en la que te has sentido humillado o menospreciado por tu jefe. En caso de que queráis denunciar la situación, necesitaréis referiros a hechos concretos.

A la hora de denunciar las vejaciones de tu jefe, puedes acudir a multitud de procedimientos, incluida la vía judicial. Si no quieres llegar a ese extremo, puedes trasladar los hechos a Recursos Humanos, a Prevención de Riesgos Laborales, al sindicato de trabajadores e incluso a la Inspección de Trabajo.

Si no te sientes preparado para plantar cara a un jefe abusivo, pero aun así quieres cuidarte frente a su actitud, tienes que proteger tu salud mental.

Para hacer frente a la negatividad de tu lugar de trabajo, puedes intentar centrarte en los aspectos positivos de tu vida: rodéate de tu familia y amigos, expresa abiertamente tus sentimientos en aquellos lugares en los que te sientas seguro y trata de encontrar tiempo para hacer aquello que te gusta. Si te llevas la presión del trabajo a casa y te sientes impulsado a doblar horas para hacer frente al estrés que te provocan las exigencias de tu jefe, recuérdate que no tienes ninguna obligación de hacerlo y permítete descansar correctamente. Una mente ocupada por el trabajo las veinticuatro horas del día estará irremediablemente estresada.

Si nada de esto funciona, no tengas miedo en poner tu salud mental por delante y abandonar el trabajo. Si la sola posibilidad de dejarlo te genera estrés, puedes comenzar a buscar otras oportunidades laborales mientras sigues en tu empresa.

Recuerda siempre que no te veas capacitado para cuidar por ti mismo de tu salud mental, que en Siquia tenemos psicólogos online dispuestos a ayudarte.

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    Imagen de Lucía Lorenzo
    Sobre Lucía Lorenzo Lucía Lorenzo es una estudiante del último curso de Periodismo en la Universidad de Valladolid, donde descubrió su gran interés por los temas relacionados con la salud, especialmente con la salud mental, la gran olvidada en las enseñanzas universitarias. Entre sus inquietudes se encuentran el feminismo y los derechos LGBT. Ganadora de un premio de relato corto en el año 2013, disfruta escribiendo tanto noticias como ficción.

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