Expectativas y frustración: cómo evitar que arruinen nuestras ilusiones

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La frustración es una respuesta emocional que se manifiesta cuando no tenemos unas expectativas realistas. La incidencia de la frustración sobre cada persona varía, principalmente, según la personalidad, pero también hay otros aspectos que son difíciles de controlar.

Las expectativas, que se forman a partir de suposiciones, son el caldo de cultivo perfecto para la frustración. Aquello que hemos aprendido por nuestra cuenta sumado a todo lo que los demás nos han enseñado, sienta las bases de nuestras creencias y, por tanto, también de nuestras expectativas.

En realidad, es imposible dejar de tener expectativas porque se forman automáticamente en nuestra mente. No solo creamos expectativas sobre nosotros mismos, nuestra forma de actuar o nuestras metas, sino que también creamos expectativas sobre los demás con el objetivo, normalmente, de satisfacer nuestros deseos sin tener en cuenta los de los demás.

Las expectativas forman parte del ser humano

Cada cultura funciona en torno a un juego de expectativas que está formado por valores comunes, por lo que está bien visto y lo que no. Todos intentamos adaptarnos para tener un sentimiento de pertenencia, no queremos ser aislados o excluidos.

Es importante que entendamos que no siempre podemos satisfacer todas las expectativas que la sociedad refleja porque, si no, nos frustaremos y desarrollaremos sufrimiento. Es evidente que en nuestro autoconcepto influye todo aquello que los demás esperan de nosotros, incluso afecta a nuestro rendimiento y comportamiento, por eso tenemos que limitar la importancia que le damos a las expectativas que los demás tienen sobre nosotros, así conseguiremos que no nos condicionen.

¿Qué expectativas causan frustración?

Para ajustar las expectativas a la realidad es necesario conocerlas. Diferenciamos entre tres tipos de expectativas:

1. Expectativas predictivas

Este tipo de expectativas se centra en la idea de que creemos saber lo que sucederá en una situación determinada, basándonos en experiencias similares anteriores o en la experiencia de los demás. Además, estas expectativas también pueden referirse a nuestro estado de ánimo, cuando, por ejemplo, nos imaginamos felices en una situación pero luego no es así.

2. Expectativas normativas

Este tipo de expectativas se centra en las normas que asumimos. Al compartir determinadas normas sociales desarrollamos expectativas basadas en ellas. Estas expectativas atienden a un estándar básico de comportamiento que esperamos que los demás sigan de igual forma en las diferentes situaciones sociales.

No hay nada peor que quien espera algo y no encuentra nada

3. Expectativas merecidas

Este tipo de expectativas se centra en todo aquello que creemos merecer.  Son expectativas subjetivas y se basan en nuestra idea de la justicia. Nuestro desempeño, cualidades o capacidades nos hacen creer merecedores de algo por encima de los demás, sin tener en cuenta sus deseos y necesidades. Además, la imprevisibilidad y la incertidumbre son factores con los que también hay que contar, no todo depende de nosotros.

El problema comienza cuando estos tipos de expectativas, además de irreales, se vuelven irracionales porque la consecuencia va a ser frustración, indignación y tristeza.

Cómo evitar generar falsas expectativas que nos desilusionen

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  • Comunícate. Habla con la otra persona, transmite tu situación y lo que esperas de ella. Así ambas partes sabréis qué buscáis y podéis aclarar dudas para evitar falsas expectativas que lleven a la idea de sentiros defraudados.
  • Sé realista. Tener ilusiones es sano pero no se trata de idealizar a otra persona o situación. Aterriza y baja a tierra.
  • Cada uno tiene sus tiempos. Vale que a ti te guste igual ir más rápido, pero no todos tenemos los mismos tiempos para aceptar cambios o salir de la zona de confort. Sé paciente.
  • Alinead vuestras expectativas. No solo en el amor, también en las relaciones con tu familia, tus hijos, en el trabajo, con los amigos… Una buena comunicación es la base de toda relación sana.
  • No todo puede estar bajo tu control. Por ello, trabajo los puntos que sí puedas controlar, sin frustrarte por otros elementos que se escapan de ti y te generar ira o desasosiego.
  • Trabaja la gestión de emociones y el autocontrol con un psicólogo online. El control es un comportamiento que se puede desarrollar y será más fácil si lo haces con ayuda profesional. Prueba una sesión de terapia online en Siquia y descubre lo que la Psicología puede hacer por ti.
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