Si se preguntara a un grupo de gente si saben lo que es la empatía probablemente la mayoría daría la respuesta correcta sobre qué es esta habilidad social: “saber ponerse en la piel de otro”. Sin embargo, no es tan sencillo encontrar a alguien que realmente posea esta cualidad en una sociedad tan individualista como la actual porque esta implica la escucha activa, comprender y no juzgar.

La escucha activa es una de las características más importantes de la empatía y es todo un proceso.

Empatia siquia¿Qué supone practicar la escucha activa?

    • Captar y comprender el mensaje que nos están mandando en su totalidad, es decir, interpretando tanto el lenguaje verbal como el no verbal (gestos, tono de voz, muecas, etc.). A la vez que sucede esto nosotros asentimos, hacemos gestos de aprobación, no interrumpimos y lo más importante, hacemos preguntas. De este modo se muestra el interés.
    • Ser respetuoso y estar interesado en lo que cuenta el interlocutor sin introducir el “yo” de por medio. La comprensión real nace cuando tenemos en cuenta la escala de valores y la situación de la otra persona.
  • Demostrar que hemos recibido el mensaje y lo hemos comprendido.

Una vez recibido y procesado el mensaje la empatía puede trascender más allá y convertirse en compasión. Esta supone tender mano al prójimo sin caer en críticas o prejuicios que tenemos cuando imponemos nuestro punto de vista. La subjetividad no tiene nada que ver con la empatía porque supone la proyección de uno mismo, no de la otra persona. 

Empatía y asertividad: su utilidad y su aprendizaje

Al igual que la empatía, la asertividad es una habilidad social y se podrían llegar a considerar enemigas. Sin embargo, si se busca su complementariedad se pueden descubrir repercusiones positivas en nuestras relaciones con el entorno.

La asertividad consiste en ser capaz de defender ideas y opiniones propias sin herir los sentimientos de los demás. Es la búsqueda del balance entre la agresividad a la hora de expresarse y la total pasividad propia de falta de personalidad y autoconfianza.

La empatía es una habilidad social apreciada tanto por las personas del entorno laboral como por las personas cercanas

Asertividad en el trabajo

En lugar de trabajo, fuere cual fuere este, seguramente se aprecie tanto la asertividad como la empatía. Aunque si proceden de personas distintas, se puede construir relaciones de dominación y sumisión; por lo que es importante que toda persona haya trabajado ambas habilidades.

El punto medio es imprescindible tanto para los trabajadores como para los jefes. Si los trabajadores son demasiado asertivos en relación con sus superiores obstaculizan el trabajo y, si son demasiado empáticos, aceptarán todo encargo y a la larga sufrirán crispación e incluso pueden llegar sentir estrés.

A su vez un jefe que carece de asertividad no es un buen líder y uno que carece de empatía a los ojos de sus empleados se convierte en un tirano.

Asertividad en el entorno cercano

Es más sencillo empatizar con alguien a quien se aprecia y con el que se tiene afinidad pero es importante distinguir entre la simpatía que se siente por alguien y la empatía, porque lo segundo va más allá, implica comprensión. La confianza puede hacernos creer que tenemos camino libre a una sinceridad brutal que acaba hiriendo a la otra persona.

En casa la carencia de cualquiera de estas dos características también puede causar estragos y para prevenir futuros problemas, cuando se tiene hijos se puede trabajar con ellos las habilidades sociales.

Las primeras manifestaciones de la empatía se observan en niños bastante pequeños. Estos no distinguen entre lo que es el bien y el mal, actúan y observan lo que desencadenan sus actos en los demás, motivo por el que cuando ven a alguien con un problema y deciden ayudarle lo hacen desinteresadamente. Con la repetición de ciertas respuestas ante determinadas conductas suyas aprenden a ser empáticos.

Es muy importante compartir tiempo con ellos y mostrar el cariño. No se debe quitar peso a sus emociones, para que fluyan es necesario crear un ambiente de seguridad que se consigue con la comprensión pero permitir que tengan un espacio propio y entender que su desarrollo no solo depende de nosotros. En definitiva, siendo empáticos con ellos.

Es necesario balancear la empatía y la asertividad para mejorar las relaciones interpersonales y entenderse a uno mismo

Cómo trabajar la asertividad en la infancia y la adolescencia

Para trabajar con ellos la asertividad curiosamente también es necesario escucharles hacerles entender que es importante hacerlo con los demás. Y si la empatía implica no trasladar el “yo” a otra persona, a los niños se les debe dar libertad para resolver sus problemas. A su vez es fundamental enseñarles a negociar, condenar las acciones negativas y violentas y mostrar aspectos positivos de saber negarse a cosas. Ninguna frase refleja esto tan bien como “Si tu amigo se tirase por un puente ¿tú también lo harías?”

La puesta en práctica de estas pautas permitirá el desarrollo de habilidades sociales que ayudarán a prevenir conflictos en futuras etapas de la vida que podrían acabar desembocando en trastornos psicológicos.

En adolescentes, que están desarrollando su personalidad, esto cambia un poco. En un artículo publicado en la Revista de Psicología Social destacan varios aspectos relativos a la empatía en la adolescencia:

  • Las chicas son más empáticas que los chicos y una de los posibles causantes de ello es su forma de socializar que implica su sumisión a las opiniones del entorno, además de ser la empatía una característica que se espera de ellas. Esta tendencia se hace más acusada con la edad.
  • La figura del “mejor amigo” es más común en adolescentes con mayores niveles de empatía, puesto que estos tienen la capacidad de desarrollar relaciones más profundas e íntimas. En este caso se trata de relaciones entre iguales.
  • Tiene menos influencia un familiar que un “igual”, pero en el caso de los chicos marca la diferencia a la hora de mostrar la empatía y en el de las chicas no.

De este modo, se concluye que los adolescentes buscan un espacio propio más amplio y la aceptación fuera del espacio familiar. De no respetar eso, nos alejaremos de ellos. Es muy importante también observar y reaccionar si el adolescente se pone en un peligro grave. 

La educación en empatía entre adultos es más compleja porque la personalidad ya está formada e implica un arduo trabajo personal. Pero la clave está en centrarse más en las emociones del prójimo y tratarlo con paciencia. Si se implementa este tipo de actuaciones de forma gradual en las relaciones interpersonales estas mejorarán y a nivel individual nos entenderemos mejor internamente.

Lo mismo que en el caso de la empatía se aplica a la asertividad. Es necesario:

    • Aprender a expresar opiniones.
    • Mitigar los pensamientos negativos que nos invaden a la hora de confrontar ideas con los demás.
    • Resulta fundamental también marcarse objetivos y tener argumentos suficientes para convencer de que se está en lo correcto. Eso sí, ten en cuenta que cuando nos sobrepasamos podemos resultar agresivos e incluso empezamos a parecer incoherentes.

Ejercicios para trabajar y entrenar la empatía

  • Escucha y atiende sin prejuicios.
  • Deja que la otra persona hable y exponga todo lo que tiene que decir, sin interrumpir.
  • No prejuzgues. Evita tus comentarios y sesgos. Intenta abrir tu mente y entiende que hay otras formas de pensar, de sentir y de vivir y una no tiene por qué ser mejor que la otra, simplemente ambas son válidas.
  • Presta atención a lo que te cuentan. A veces es difícil mantener la atención, pero es un esfuerzo que debes hacer, forma parte del ejercicio de la empatía.
  • No eres un psicólogo. Deja que ese papel lo haga el profesional. Tu papel ahora se trata de escuchar y entender lo que ocurre, no de ofrecer un tratamiento terapéutico para el que no tienes capacidad salvo que seas un psicólogo colegiado.
  • Descubre a tu interlocutor. Déjate sorprender, conocer rincones y emociones suyas que desconocías.
  • Premia los logros de los demás. Mejorarás su autoestima, sé generoso, también abrirte y desarrollar esta parte tan íntima te ayudará a encontrarte mejor contigo mismo.

Empatía: Ejercicio 1.

Imagina que estás en una burbuja donde las palabras no se oyen, sólo puedes ver gestos, miradas, intenciones… Dale una oportunidad a la intuición, y deja que la razón aprenda de ella. Como persona sensible que eres, empezarás a fijarte en otras cosas que antes pasaban desapercibidas, verás una persona que pide ayuda, donde antes escuchabas palabras de ira, sonreirás a los gestos de cercanía, imperceptibles cuando las palabras dominan una conversación… Todo esto te ayudará a comprender al otro, iendo más allá de él y de ti.

Empatía: Ejercicio 2.

En una conversación con alguien, interesarte por su persona, esto hará que la conexión entre los interlocutores mejore desde el primer momento, se fomenta la comunicación verbal y no verbal. Deja que se exprese, y piensa que si hace lo que hace o dice lo que dice, es porque tiene sus motivos, un mal día, presiones familiares, motivos económicos, preocupaciones de salud… Escucha, escucha, escucha… No juzgues, sólo escucha. Te sentirás bien al ver que la otra persona confía en ti y te cuenta todo lo que le preocupa, será el primer paso a un entendimiento entre ambos que deberás potenciar continuamente. Aprender a escuchar es fundamental.

Empatía: Ejercicio 3.

Cuando alguien te cuente algo, una vez escuchado el mensaje adecuadamente, será interesante poner nombre a las emociones que se experimenten, esto ayudará a conocerte mejor y por supuesto, ayudarás a tu interlocutor. La misión de emocionalizar las palabras es un ejercicio muy enriquecedor para el desarrollo último de la empatía.

Empatía: Ejercicio 4.

Con cada acontecimiento que te surja, sal de tus zapatos un momento y practica la empatía. Todos los días ponerse en el lugar del otro un tiempo, ayuda a empezar a ejercitar la empatía sin apenas esfuerzo. Al final, ser empático será algo tan cotidiano como sonreír.

Empatía: Ejercicio 5.

Escribe el nombre de una persona que no te agrade, y da detalles de aquello que no soportas, que no te gusta… Si es conocida es mejor, porque ayudará a concretar más los motivos del rechazo que produce. Una vez realizado esto, ponte en su lugar sin juzgarla, y describe su principal meta en positivo, piensa que como persona intenta sobrevivir como todos, y que tiene sus razones para actuar como lo hace, y para ser como es. Y por último, describe un comportamiento propio negativo, algo que no te guste de ti mismo, con la suficiente autocrítica para que el ejercicio tenga resultado.

La educación en empatía entre adultos es más compleja porque la personalidad ya está formada e implica un arduo trabajo personal. Pero la clave está en centrarse más en las emociones del prójimo y tratarlo con paciencia. Si se implementa este tipo de actuaciones de forma gradual en las relaciones interpersonales estas mejorarán y a nivel individual nos entenderemos mejor internamente.

Si crees que eres una persona que carece de empatía o que podría mejorar en ese aspecto ten en cuenta que al tratarse de cómo respondes ante los problemas del resto te ayudará implicarte en algunas causas. Pónlo en práctica haciendo voluntariado o únete a una ONG.

Ejercicios de empatía para adultos para practicar en grupo

En el caso de la empatía también son útiles los ejercicios colectivos porque tienen como objetivo reforzar la escucha activa y dar soluciones a problemas de forma grupal, si conoces a más gente con problemas a la hora de empatizar prueba con los siguientes:

  • Que cada uno apunte en una hoja de papel el problema que tiene de forma anónima. Luego, id sacando las hojas y leed los problemas en alto y buscad una solución conjunta.
  • Intercambiad una prenda cada uno con el resto, de este modo os pondréis “en la piel” de otro. Una vez hecho eso os pondréis a hablar de cómo percibe cada uno y de los sentimientos hacia el compañero cuya prenda le ha tocado.
  • Coged un papel y apuntad a alguna o algunas personas que no te gustan, todos ellos de fuera: familiares, vecinos, famosos, etc. A continuación tienes que decir qué te molesta de esas personas y tras eso ponerte en su piel y buscar motivaciones positivas a sus actos. Finalmente, busca paralelismos de comportamientos negativos de esa persona que coincidan contigo para que veas que nadie es perfecto.

Aunque esto sean tres ejemplos existen innumerables ejercicios, incluso se puede inventar ejercicios que fomenten la participación en un grupo de gente y el posterior debate. Es muy importante compartir lo que llevamos dentro para comenzar y conocer qué lleva el resto para entendernos mejor.

Lo mismo que en el caso de la empatía se aplica a la asertividad. Es necesario aprender a expresar opiniones y mitigar los pensamientos negativos que nos invaden a la hora de confrontar ideas con los demás. Resulta fundamental también marcarse objetivos y tener argumentos suficientes para convencer de que se está en lo correcto. Eso sí, ten en cuenta que cuando nos sobrepasamos podemos resultar agresivos e incluso empezamos a parecer incoherentes.

Si sabes que vas a tener que enfrentarte a alguien y temes a caer en alguno de los dos extremos puedes prepararte el discurso. Ten en cuenta los ingredientes de este y que tiene que ser gradual. Tienes que responder a estas preguntas en orden:

  • ¿Qué es lo que te ha generado malestar? Pero de forma objetiva, sin decir directamente “me has fastidiado”. Más bien pon ejemplos de situaciones concretas que te han sucedido con el interlocutor al que te vas a encarar.
  • ¿Cómo te sientes al respecto? Ahora sí es el momento de expresar tu malestar, de esta forma pones en manifiesto tu protesta contra actitudes que te han parecido injustas.
  • ¿Qué soluciones puede tener la situación? Busca la resolución del conflicto óptima, la forma de actuar que te gustaría que tu interlocutor adoptara contigo tras charlar con él.
  • ¿Qué causas o consecuencias tendrán el cumplimiento o incumplimiento de tus peticiones? Puedes apostar por el positivismo o la apelación al miedo mediante un castigo.

Una vez obtenidos todos los ingredientes de tu discurso practícalo, sobre todo si crees que los nervios te traicionarán en algún momento y perderás los papeles. Cuando te toque encarar a la otra persona sigue el hilo de discurso que te has planteado. Cuando escuches las respuestas de tu interlocutor da a entender que comprendes el por qué y a su vez prosigue con lo que quieras decir. Por ejemplo: “entiendo que hayas actuado así, pero me genera malestar que…”.

Además del enfrentamiento directo, puedes practicar con diversos ejercicios en grupo, de la misma forma que cuando se trata de la empatía. Estos pueden ser de la siguiente forma:

  • Trabajando en grupos de 4 o 6 personas se encomienda a los participantes apuntar un problema que les genera tensión. Se escoge uno al azar y se lee en alto. Luego, el grupo se parte en 2 y el resto.

En la pareja tiene que estar la persona del problema que tendrá que hablar de sus sentimientos y un compañero de apoyo. El resto le discutirá el problema desde la aseveración más leve hasta la más grave y él tiene que dar una respuesta asertiva a cada uno. El objetivo final es aprender a enfrentarse a situaciones tensas. 

  • Se encomienda a los participantes buscar una respuesta pasiva, una asertiva y una agresiva a una situación hipotética. Cada uno las apunta y las lee en alto para debatir las respuestas con los compañeros. De este modo se aprende a identificar cuando una respuesta es demasiado blanda o demasiado dura.

Cabe mencionar que para trabajar tanto la empatía como la asertividad aparte de la búsqueda de grupos en los que se pueda practicar las habilidades sociales bajo la supervisión de un psicólogo, también sería útil acudir a terapias individuales que guíen el trabajo. Es especialmente importante en casos de personas que tienen problemas para gestionar sus conflictos.

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