El crédito social: cómo el reconocimiento online afecta a nuestras vidas

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nosedive blackmirror¿Habéis visto la serie Black Mirror? ¿No? No os la deberíais perder. Hoy os voy a hablar sobre el episodio Nosedive, que aborda un sistema meritocrático a través del cual todos los miembros de la sociedad son valorados mediante puntuaciones del resto de ciudadanos a través de una red social.

Dicha puntuación determina el nivel de aceptación social y el acceso a bienes y servicios.

Seguro que ahora estaréis pensando: ¡bah, pura ficción, ya no saben que inventar! Atentos porque en esta ocasión se cumple aquello de que la realidad y la ficción no están tan alejadas. China se está acercando a esta manera de ver las cosas y está diseñando un sistema de puntuación social que se prevé implantar a partir del año 202o.

Qué es esto del Crédito Social

Según el Gobierno, este sistema de puntos servirá para crear “una cultura de sinceridad y una sociedad socialista armoniosa”.

No deja de ser curioso que, en una época que en Europa se promulga acerca de la protección de datos e, incluso, se castiga severamente el incumplimiento, exista una potencia que considere que los datos personales de sus ciudadanos son de su propiedad y pueden hacer con ellos lo que les parezca. De hecho, los detractores de esta iniciativa ya consideran que hacia lo que se va es hacia un estado policial más propio de una dictadura de este siglo.

El Gobierno chino se escuda diciendo que hay poca gente que presente la suficiente solvencia económica como, por ejemplo, para pedir un préstamo. Con esta iniciativa se podrá medir el riesgo de realizar esta u otras operaciones financieras. La cuestión es: ¿y se lo dejarán con más o menos probabilidad? Mi opinión es que, tras implantar este sistema, las opciones para la población general quedarán reducidas a no ser que “pose para la foto con una sonrisa”.

Imaginemos un ciudadano, profesional liberal – que, puede ser valorado por sus clientes – Imaginemos, además, que como tiene opiniones bien formadas es crítico con el gobierno, sobre todo a raíz de la implantación de este sistema.

Si el cómputo de su valoración se sitúa en la franja baja, no podrá acceder a un crédito para ampliar su negocio, no podrá llevar a sus hijos al mejor colegio de la ciudad, no podrá organizar un viaje con su familia a través de su agencia de viajes habitual, no podrá entrar en ciertos restaurantes, no podrá coger el tren o perderá el acceso a la seguridad social, ¿justo? No, porque depende no tan sólo de sus actos sino, también de los actos de terceras personas ¿Se encamina China a una “sociedad armoniosa”? No, porque si esa persona llega a saber quien le ha dado puntuaciones bajas y resulta no tener habilidades de afrontamiento, se pueden originar conflictos laborales, familiares y sociales.

¿Es la primera vez que China usa un sistema parecido? Del Crédito Social al Ojo del Cielo

No, el Gobierno chino ya lo ha intentado otras veces.

Un sistema parecido ya fue intentado implementar en China, en 2010. Por cierto, falló estrepitosamente. Para explicarlo, sería más fácil hacer una aproximación a un sistema europeo que se llama “economía de fichas” que se usa en psicoterapia infantojuvenil. Consiste en que se quieren reforzar una serie de conductas que el niño no hace y, por tanto, a cada una de esas conductas se le pone un valor en puntos. Cuánto más difícil, más puntos. Y existen otras conductas que queremos que deje de hacer pero, si las continúa haciendo, se le quitan puntos.

nosedive puntuacionAl final de la semana, se hace un recuento y pueden quedar puntos positivos o negativos. Si son positivos, se intercambian por actividades que el niño quiera hacer. Cuánto más complicada, más cara o más la desee, más puntos necesitará.

El sistema chino, se basaba en este mismo principio. Se otorgaban, de entrada hasta 1000 puntos a cada ciudadano pero conductas consideradas incívicas o deshonestas restaban puntos. Como resultado, se obtenía una puntuación de A a D, siendo las primeras que se podían obtener beneficios y, las últimas que se podía llegar a perder el trabajo. El Gobierno mantiene las puntuaciones pero, supuestamente, ha eliminado los A-D.

Por otra parte, se está llevando a cabo un proyecto piloto del propio Crédito Social que se denomina Sesame Credit que utiliza la ingente base de datos de consumidores de compras online de su plataforma – una de las mayores del mundo – para formar calificaciones de crédito social de cada uno de los sujetos. Califican las operaciones económicas en línea de aquellos que usan el sistema de pago Alibaba, a través de un algoritmo que mantienen en secreto por su presunta “ complejidad”.

Sesame Credit.
Sesame Credit.

Pero no acaba ahí. El Gigante Chino también ha ideado un proyecto de seguridad que ya funciona.

Consiste en una red de cámaras de videovigilancia que cuenta, aproximadamente, con 80 millones de “ojos” de los cuales 20 millones constan de tecnología de reconocimiento facial. Analizan las caras, los coches, los peatones… Todo ello está conectado con la red privada de la policía, conocida como Ojo del Cielo.

Esta tecnología de reconocimiento facial tiene otras utilidades: pagar compras, reproducir – en pantallas gigantes – a peatones que cometen alguna infracción, embarcar en aviones o racionalizar el uso de papel higiénico en baños públicos, con la aquiesciencia de determinadas grandes compañías.

¿Cuánto tardará en fusionarse el Crédito Social y el Ojo del Cielo? En principio, sólo es cuestión de tiempo…

Desde el punto de vista de la psicología social, ¿existe explicación?

A nivel de psicología social, aparecen la estructuración social de la experiencia de la identidad de Goffmann, según la cual una buena apariencia o una buena actuación de rol permiten al público inferir información que no tienen de forma objetiva.

Ello implica un cierto control sobre el actor del comportamiento, es decir, actuar como los otros esperan que lo hagamos aunque tengamos intenciones ocultas permite que seamos nosotros lo que controlemos la situación y no ellos.

De esta manera, el comportamiento en público tiende a institucionalizarse en función de las expectativas del propio público, adquiriendo un significado que es independiente de las tareas que lleve a cabo el actor y, de hecho, también lo es de la propia realidad. Sin embargo – según la teoría – los actores se relacionan unos con otros en una relación de dependencia recíproca para mantener una apariencia determinada o guardar secretos que, de salir a la luz, harían peligrar la estabilidad de la propia realidad y su significado.

¿Cuándo se complica la situación? Precisamente cuando uno de los actores “ se sale de guión” y empieza a tener una conducta inesperada, yendo en contra de las expectativas y haciendo cuestionar la validez del modelo. Puede producir que alguien acabe siendo manipulado “para volver al redil”, que estalle un conflicto y que el resto de actores cuestionaran el modelo, lo que provocaría la caída de este sistema. Sin embargo, ¿realmente alguien se atrevería a ir contra un gobierno que ha demostrado ser “tan democrático”?

Podemos hablar también de las normas sociales como reguladoras del comportamiento altruista. Dentro de ellas está la norma de responsabilidad social según la cual se debe ayudar a quien lo necesita. Aún así, existe una relación asimétrica entre donante y receptor que desemboca en una dependencia unilateral que puede afectar a la imagen del receptor. Según esta norma, se debe ayudar a quien lo necesita evaluando, previamente, si requiere la ayuda. Por tanto, parece ser que esta norma se seguiría cumpliendo de forma intrínseca.

No obstante, la norma de reciprocidad prescribe que es necesario ayudar sólo si no han ayudado previamente. Por tanto, quien recibiese sin ofrecer nada a cambio, rompería la norma y sería penalizado al usar el crédito social. Esto generará tensión, ansiedad, dificultades en las relaciones interpersonales, conflictos laborales, familiares y sociales producidos por el sentimiento de deuda que se genera en el receptor, y que no disminuirá hasta que recibe una actuación recíproca… si es que se da.

Sin embargo, si fusionamos el Ojo del Cielo – Gran Hermano, para entendernos – y el sistema del Crédito social ¿a dónde se encaminan? Según la Psicología Social ¿quizás a una sociedad donde se puede hacer real el muy criticado experimento de Milgram? Para resumir, a partir de este experimento, Milgram defendió que la persona que se incorpora en un sistema de autoridad ya no se ve a sí misma movida por sus propios motivos sino por los deseos de servicios al otro, de modo que una persona en una situación de autoridad y obediencia – como la propuesta por el sistema de Crédito Chino – difícilmente osaría desafiar abiertamente esta autoridad.

En resumidas cuentas, Milgram sugirió y demostró que la inhumanidad tiene que ver con las relaciones sociales. Cómo estás últimas están racionalizadas y técnicamente perfeccionadas, también lo está la capacidad y la eficiencia de la producción social de inhumanidad…” ( Bauman,1989)

De Oriente a Occidente: del crédito social al crédito de los like

¿Es posible algo como el Crédito Social en Europa? No lo parece. Sin embargo, existen múltiples condicionantes que ya, de alguna manera, nos puntúan. ¿Todos tenéis Facebook? ¿ Y cómo vais con los me gusta, me encanta, me enfada…? Todos queremos tener cuantos más “me encanta”, mejor o, como mínimo, “like”. Nuestros adolescentes ya viven en una sociedad sumergida en la llamada “cultura del like”, ¿es una forma de valoración? Obvio ¿ Perdemos beneficios sociales por ello? No.

¿Y qué se comparte? Depende de quién seas, de tus intenciones, de tus metas, de tus objetivos o, tan sólo, del motivo por el cual lo hagas; desde fotos, desde todos los perfiles posibles existentes, tuyos – sólo o en compañía – hasta artículos como esté pasando por frases de motivación, material interesante para profesionales, artículos científicos, vídeos de tu último viaje… ¿qué se busca? Depende. En algunos casos sólo sentirse integrado en un grupo que, quizás, de otra forma no se conseguiría; en otros, aprobación del entorno, aceptación, respeto, prestigio…

Cada uno tiene sus propias motivaciones para entrar en el mundo de las redes sociales. El problema se origina cuando estamos continuamente con el móvil en la mano porque no ganamos tantos like, follow, retweets,… como esperábamos porque allí hemos empezado a obsesionarnos y , entonces, ya es una situación peligrosa.

Tan peligrosa como que de la obsesión a la adicción hay un solo paso invisible. Si ya has caído y estas leyendo esto, no te reconocerás, dirás que esto les pasa a otros, que tú controlas, que cuatro horas diarias no dan para tanto, ¡cuidado! Puede que ya necesites ayuda profesional de un psicólogo.

Te entiendo, ganarte un like, un follow, un retweet es una recompensa emocional importante, hace que tu cerebro empiece a generar dopamina pero pronto no será suficiente y necesitarás “competir” con otras personas para ver quien consigue más like, follow, retweet y así, se genera aún más dopamina y tienes más sensación de recompensa.

Pero es una sensación, no es la realidad. ¿Y si de repente te encuentras con alguien a quien no le gusta tu competición? ¿y si te dejan de seguir? Tendrás la misma sensación cómo si hubieras perdido a alguien importante para ti, sentimientos de culpabilidad por “no haberlos cuidado bastante”, ansiedad, ansiedad social, trastornos de alimentación, autolesiones, pensamientos suicidas…

También es cierto que con sus like, follow, retweet… las redes sociales son capaces de posicionar a una persona – se dedique a lo que se dedique – en una posición de prestigio superior y, entonces, le es más fácil acceder a estos beneficios.

La diferencia fundamental es que estamos en una sociedad democrática en que aún se valora más el esfuerzo y el trabajo que ningún otro tipo de crédito social. Y esperemos que así se quede. Por nosotros pero, sobre todo, por el mundo que vamos a legar a nuestros hijos.

Imagen de Maria Dolors Mas
Sobre Maria Dolors Mas Nº Colegiada 17222 con 15 años de experiencia. Especialista en ansiedad, depresión y toda lo relacionado con salud mental de niños y adolescentes.
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