La otra cara de la pandemia: los efectos del coronavirus en la salud mental

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Cada día nuevos estudios informan sobre los efectos secundarios que la pandemia del coronavirus está dejando sobre la salud mental. Desde hace ya casi un año el mundo entero se enfrenta a una de esas situaciones que solo parecían tener cabida en las películas de ciencia-ficción: un virus ha asolado la Tierra, deformándolo todo a su paso y cobrándose las vidas de millones de personas en el proceso. La normalidad que conocíamos se diluye, cada vez más lejos, bajo las consecuencias de una enfermedad que ha modificado todos los aspectos de la vida.

La economía, el entretenimiento, la cultura, el trabajo, la educación, la sanidad y hasta las relaciones personales han sufrido el impacto de la COVID-19. Rodeados de muerte, de crisis y de malas noticias, parece que la resiliencia, esa capacidad de adaptarse a los cambios más desagradables, es la única salida. Pero hacerse a la idea de que ya nada es igual no es fácil y la salud mental de gran parte de la población ha sufrido la consecuencias.

Un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) publicado en noviembre bajo el título «Health at a Glance: Europe 2020», alerta sobre el estado de salud en la Unión Europea, así como en otros nueve países entre los que encontramos el Reino Unido.

Los datos sobre el estado de la salud mental en pandemia

Si las enfermedades, la edad, el tabaco o la obesidad se posicionaban como algunos de los factores de riesgo más importantes a la hora de contraer el coronavirus, los obstáculos en el acceso a los servicios sanitarios, el peso de la crisis económica, la muerte y la presencia de personas enfermas alrededor son algunos de los factores de riesgo para la salud mental más extendidos en el momento. Esta situación no afecta a todos por igual, por lo que se puede afirmar que hay algunos sectores sociales especialmente sensibles a desarrollar algún tipo de problema mental:

  • Los profesionales sanitarios

La escasez de profesionales de la salud, en contraste con la gran demanda ha provocado enormes cambios en el sistema sanitario y ha colocado en primera línea tanto a profesionales en activo como a estudiantes y a gran parte del personal que estaba inactivo. Las largas jornadas, la presión ante una enfermedad desconocida que iba mostrando sus armas poco a poco, las guardias que se solapaban unas con otras ante la falta de personal y el aislamiento al que muchos se sometieron por no poner en peligro a sus familias son algunas de las situaciones a las que se han visto abocados médicos, enfermeros y otros profesionales de la salud.

Los datos de la OCDE revelan que ya en abril un 57% de los sanitarios españoles experimentaba algún síntoma del trastorno de estrés postraumático, como signos de estrés, una mayor frecuencia cardiaca, dificultades para conciliar el sueño o concentrarse o asustarse fácilmente.

En otros países, como Inglaterra y Gales, las tasas de problemas mentales como la ansiedad o la depresión en los sanitarios habían incrementado un 35% respecto a los datos registrados antes de la pandemia.

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  • Los jóvenes

Si la pandemia del coronavirus se ha ensañado con la salud mental de alguien, es con la de los jóvenes. Hace unos días, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) revelaba que la «fatiga pandémica», descrita en palabras de la OMS como «la desmotivación para seguir las conductas de protección recomendadas que aparece de forma gradual en el tiempo y que está afectada por diversas emociones, experiencias y percepciones», afectaba especialmente a los jóvenes.

El CSIC lo justifica de la siguiente manera: «a la vez que perciben que la mayoría de la población no respetan las normas para evitar la propagación del virus, declaran un mayor coste personal en su cumplimiento, sobre todo en las restricciones a la movilidad geográfica, el toque de queda o el límite de personas en las reuniones de amigos».

El OCDE también explicaba que la fragilidad mental de los más jóvenes radica en que la niñez y la adolescencia sientan las bases del desarrollo de la persona. Los niños y adolescentes se encuentran en una fase en la que todo lo que ocurre a su alrededor influye en su persona. Pero con la pandemia, donde deberían estar desarrollando herramientas para su madurez y forjando su identidad rodeados de otros como ellos, solo encuentran restricciones que les impiden progresar correctamente.

Esta situación puede ser el factor desencadenante de diversos trastornos mentales, lo que a su vez puede actuar como causante del suicidio, una de las principales causas de muerte en la adolescencia.

En España, así como en otros nueve países de la Unión Europea, se puso en marcha Youth Aware of Mental Health, un programa destinado a concienciar a los jóvenes de entre 13 y 17 años sobre la importancia de la salud mental, mediante el juego y el debate. Se cree que la iniciativa, que ayudaba a los más jóvenes a enfrentarse a los problemas y también les instruía en la prevención del suicidio, redujo en un 55% los intentos de suicidio entre los adolescentes que participaron.

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  • Las personas que sufrían trastornos psicológicos antes de la pandemia

Aquellos que ya vivían con una enfermedad mental se vieron enormemente afectados por los efectos de la pandemia del coronavirus. El aislamiento, la incertidumbre, la soledad y los cambios en las rutinas provocados por el teletrabajo, la educación online o la simple cancelación de otras actividades, no hacen sino empeorar los problemas de salud mental que ya sufrían.

Además, los datos de la OCDE revelaron que en multitud de países la demanda de atención psicológica había disminuido notablemente. El motivo en sencillo: la atención primaria y los centros educativos, que solían derivar a los pacientes a la atención especializada en salud mental, vieron su actividad interrumpida por la pandemia. El miedo al contagio o la voluntad de no saturar el sistema sanitario son otros de los motivos por el que aquellos afectados por algún trastorno psicológico han dejado de pedir ayuda.

salud mental

Sin embargo, no todo son malas noticias: entre el 31 de marzo y el 26 de mayo, el Ministerio de Sanidad y el Consejo General de la Psicología facilitaron dos teléfonos para ofrecer atención psicológica tanto a los ciudadanos de a pie como a los profesionales que trabajaron en primera línea contra el coronavirus y a los familiares de las personas afectadas por la enfermedad. El servicio atendió una media de 228 llamadas diarias y más de 13.000 en total.

Aunque dichos teléfonos no se encuentran activos actualmente, en Siquia contamos con asistencia psicológica online para ayudarte a superar los efectos de la pandemia del coronavirus.

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Imagen de Lucía Lorenzo
Sobre Lucía Lorenzo Lucía Lorenzo es una estudiante del último curso de Periodismo en la Universidad de Valladolid, donde descubrió su gran interés por los temas relacionados con la salud, especialmente con la salud mental, la gran olvidada en las enseñanzas universitarias. Entre sus inquietudes se encuentran el feminismo y los derechos LGBT. Ganadora de un premio de relato corto en el año 2013, disfruta escribiendo tanto noticias como ficción.

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