Cosas a tener en cuenta para una relación sana con nuestros hijos

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Pensamos que el mundo de los adultos es el importante. Las preocupaciones laborales, familiares… son las que llenan nuestro día a día sin pararnos a pensar ni un momento qué es lo que nos está ocurriendo o qué estamos haciendo con nosotros mismos.

Si en algún momento empezamos a sentirnos incómodos, molestos o insatisfechos y esto nos lo tomamos en serio, podemos terminar en la consulta de un terapeuta que nos escuche y nos guíe en nuestro camino.

En ese proceso será inevitable hablar del pasado, de nuestra infancia y las experiencias que tuvimos cuando éramos niños. Saldrán a la luz las situaciones inconclusas que se quedaron grabadas en nuestra memoria sin resolver, dejándonos en un abismo o con un vacío en nuestro corazón. Como adultos, ahora estamos usando herramientas que aprendimos en nuestra infancia y que  bloquean o interrumpen el proceso para que se cierren de una forma beneficiosa para nosotros.

Si miramos a ese niño del pasado, a los psicoterapeutas nos gusta llamarlo “niño o niña interior”, podemos actualizar,  a través de la experiencia presente, aquellos sentimientos y darnos una oportunidad de sanarnos.

Esto nos lleva a preguntarnos, ¿qué estamos haciendo con nuestros hijos e hijas? Antes de pulsar el botón de PÁNICO, vamos a revisar algunas cuestiones que nos podrán ayudar.

Consejos para relacionarnos con nuestros hijos

1. Para empezar, debemos darnos cuenta de que hagamos lo que hagamos no podemos evitar dañar a nuestros hijos por la sencilla razón de que no siempre podremos estar disponibles para ellos. La supervivencia de un niño se basa en que haya un adulto disponible para atender sus necesidades básicas, incluido el afecto.

2. Si nos damos cuenta de que estamos haciendo daño a través de mandatos familiares que estamos reproduciendo, exigencias… podemos hacernos cargo y reparar el daño haciendo terapia. El mejor regalo que le podemos hacer a nuestros niños y niñas es estar en paz con nosotros mismos.

3. La educación de los hijos e hijas no es tarea sencilla, pero eso no quiere decir que sea de forma obligada una vivencia angustiosa. Y si lo es, debemos revisar nuestras expectativas sobre nuestros hijos y nuestras exigencias como padres.

4. Intuyo que una clave, desde la experiencia que tengo como madre de una niña, que además tiene parálisis cerebral, es liberarse de las expectativas que tenemos con respecto a nuestros hijos. Ellos no serán lo que nosotros fuimos. Tampoco serán lo que nosotros somos. Ellos son personas independientes, un individuo nuevo que tiene que crecer y desarrollarse como persona. Debemos aprender a sostener la incertidumbre, ellos tendrán que elegir lo que quieren hacer con sus vidas a medida que vayan creciendo.

5. Para ello la observación juega a nuestro favor si lo hacemos libres de juicio. Podemos observar qué es lo que hace felices a nuestros hijos e hijas y potenciar esa actitud o habilidad, aunque eso no esté dentro de lo que nosotros esperábamos de ellos.

6. En relación a las emociones, cuando somos adultos hemos aprendido a contenerlas. Volver a expresarlas es la piedra angular de la terapia para sanarnos. Sería más adecuado enseñar a nuestros hijos a sostener las emociones y expresarlas de la manera adecuada, sin dañarse ni dañar al otro. Sin juzgarlas, pues todas las emociones son necesarias, según el momento en el que vivamos.

7. La retirada de afecto destroza el corazón de nuestros niños. El amor incondicional y la compasión hacia nuestros hijos e hijas son actitudes que harán que tengamos una relación sana con ellos. Nuestros hijos nos observan y ven de qué manera pueden obtener nuestro amor; los conflictos deben resolverse sin chantajes, puesto que el amor hacia ellos es incondicional. La compasión es entender y acompañar a nuestros hijos en su desarrollo; también hacia nosotros, como padres, mirar qué necesitamos en cada momento y atenderlo.

Como padres y madres nos ayuda tener una actitud de no exigencia, no estoy hablando de no tener disciplina, normas y límites, sino de no transmitirles un lema vital que no les corresponde o un mensaje existencial impuesto. Una generación tras otra coge el testigo de este mensaje, si eso nos hace infelices, es el momento de tomar conciencia de lo que nos ocurre, sanarnos y liberar a la  siguiente generación.

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