5 consejos para solucionar los conflictos familiares más frecuentes

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Podemos definir la familia como un grupo de personas que viven o han vivido juntas, a los que une un vínculo sentimental estrecho. Tu familia está presente durante la mayor parte de tu vida, te ve crecer y te ayuda a transitar tu camino. Precisamente porque están siempre ahí, es fácil que aparezcan roces entre vosotros y, con ellos, aparezcan también los conflictos familiares.

conflictos familiares

¿Qué son los conflictos familiares?

Podemos definir los conflictos familiares como problemas o enfrentamientos entre dos o más miembros de la familia.

A menudo, estos surgen debido a los problemas de entendimiento. Con frecuencia la familia permanece junta, si bien no siempre viviendo en el mismo hogar, durante la mayor parte de la vida. A medida que los miembros de la familia crecen, sus ideas y percepciones cambian y esto influye en las relaciones con los demás, que no siempre entenderán dichos cambios.

Además, cuando se convive en familia es común que surjan comportamientos que molesten a los otros, bien porque entorpecen la vida familiar o bien porque chocan contra las costumbres de otros miembros de la familia.

¿Es negativo que haya conflictos familiares?

La existencia de conflictos familiares es completamente natural.

Es cierto que los humanos somos seres sociales que necesitan vivir en comunidad y colaborar con el resto para sobrevivir. Sin embargo, también somos individuos que tienen sus propias convicciones. No podemos renunciar a nuestra individualidad para encajar en un grupo y eso hará que, tarde o temprano, surjan los problemas.

Los enfrentamientos entre miembros de la familia son inevitables. Así que, en lugar de verlos como un fracaso, prueba a pensar en ellos como oportunidades que te permiten arreglar todo aquello que no funciona correctamente en el núcleo familiar.

Los 6 tipos de conflictos familiares más comunes

  1. Faltas de respeto

La familia se sostiene sobre el amor y el respeto. Si uno de los dos falta, es probable que afecte negativamente al otro.

Los malentendidos y las discusiones son algo relativamente normal. A veces perderás los nervios, levantarás la voz y dirás cosas de las que te arrepientas. Sin embargo, debes procurar no faltarle al respeto nunca a tus familiares.

Por eso es necesario que aprendas a gestionar las emociones negativas, como la ira.

Si algo te ha molestado, dilo inmediatamente, de forma clara y respetuosa, para que el enfado no siga creciendo en tu interior. Si en ese momento te consume la ira y no crees que puedas comunicarte de manera asertiva, retírate, relájate y habla con tu familiar cuando estés más tranquilo.

  1. Antiguos problemas sin resolver

Una de las decisiones que más envenenan las relaciones personales es la de dejar problemas sin resolver.

Cuando algún familiar hace algo que te duele o te molesta y no se lo comunicas le estás quitando la oportunidad de reparar el daño. Y aún peor, estás permitiendo que la molestia medre en tu interior y se convierta en rencor.

Debes saber que es imposible construir relaciones positivas sobre el rencor. Este favorece el resentimiento, las faltas de respeto y las tensiones. Por eso, pon de tu parte para resolver los problemas cuando aparezcan.

  1. Conflictos derivados de los cambios vitales

Algunas etapas de la vida son conflictivas por definición. La adolescencia, por ejemplo, es una etapa en la que los hijos dejan de ser niños y empiezan la transición hacia la vida adulta.

Se trata de un momento lleno de cambios, donde la familia deja de ser un refugio y pasa a un segundo plano, siempre por detrás de los amigos. Durante los años que dura la adolescencia, el adolescente construye su propia personalidad y suele alejarse de lo que sus padres le habían inculcado y esperaban de él.

También la vejez suele ser una etapa problemática por motivos similares: al fin y al cabo, se abandona una etapa vital para transitar otra, caracterizado por profundos cambios en el cuerpo y la mente que pueden provocar irritabilidad en quienes los sufren.

ayudar a un familiar con alzheimer
  1. Pérdidas

Las pérdidas provocan mucho dolor en la familia y en este contexto es normal que surjan conflictos entre los miembros de la misma.

La pérdida de un ser querido, la pérdida de la salud o la pérdida de una parte importante de la vida, como el trabajo, a menudo genera una frustración que hace mella en el núcleo familiar.

  1. Roles poco definidos

Es necesario que una familia tenga bien definidos los roles. Por ejemplo, los hijos deben ser conscientes de que sus padres les enseñan y por eso tienen que obedecer. Los padres, por su parte, no deben perder de vista que los hijos dependen en cierto modo de ellos y que deben proporcionarles protección.

Si estos roles no están claros, la falta de estructura generará problemas de convivencia.

  1. Desigualdades

Nuestra personalidad, nuestros intereses y nuestra forma de ver el mundo hacen que tengamos más afinidad con unas personas que con otras.

No pasa nada porque esto suceda también en la familia. Quizás tengas una relación más cercana con uno de tus progenitores que con el otro. Es normal.

Sin embargo, en la familia, como en el resto de ámbitos, debes comportarte de manera justa. Cuando uno de los padres favorece más a uno de los hijos, o cuando las relaciones familiares se mueven por el favoritismo y no por la equidad, aparecen los problemas.

No tienes por qué tratar a todos con el mismo cariño, pero procura tratarles siempre con el mismo respeto.

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5 consejos para solucionarlos

  1. Comunícate de manera asertiva. La comunicación asertiva es clara, firme y respetuosa. Para comunicarse de manera asertiva es necesario respetar las opiniones y los tiempos de habla de los demás sin dejarse pisar. Es recomendable que expreses aquello que te molesta poniendo el foco en tus sentimientos, en lugar de en los actos de los demás. En lugar de decir «no soporto que me interrumpas», di «las interrupciones me hacen sentir que mi opinión no importa».
  2. Practica la escucha activa. No se trata solo de escuchar, sino de poner toda la atención en lo que dice la otra persona. Es necesario comprender lo que dicen los demás y también hacerles ver que les comprendemos.
  3. Deja expresarse a todas las partes. Para resolver los conflictos es necesario que todas las partes puedan expresar su punto de vista de manera respetuosa y sin interrupciones.
  4. Resuelve los conflictos en un buen momento. Lo mejor es no tardar mucho en resolverlos, pero quizás el momento de máximo apogeo del conflicto no sea el momento idóneo. Espera a que los ánimos se calmen para que todos podáis expresaros con respeto y claridad.
  5. Basa tus relaciones familiares en el cariño. Haz saber a tu familia que les quieres pese a los conflictos. Esto ayudará a rebajar tensiones.

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Sobre Lucía Lorenzo Lucía Lorenzo es Graduada en Periodismo por la Universidad de Valladolid, donde descubrió su gran interés por los temas relacionados con la salud, especialmente con la salud mental, la gran olvidada en las enseñanzas universitarias. Entre sus inquietudes se encuentran el feminismo y los derechos LGBT. Ganadora de un premio de relato corto en el año 2013, disfruta escribiendo tanto noticias como ficción.
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