Cómo ponernos límites a nosotros mismos

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Cuando hablamos de límites nos imaginamos una línea que no podemos sobrepasar. Tenemos claro cuáles son los límites físicos, pero, ¿qué hay de los límites emocionales? Estos últimos , sin duda, son más difíciles de establecer.

No hablamos de autoexigencia

La palabra límite ya está envuelta en una connotación negativa de la que tenemos que olvidarnos. Los límites son necesarios para evitar ir más allá de lo sensato. Eso no significa exigirse de más a uno mismo, sino que hay que encontrar un equilibrio. De hecho, el no ponernos límites puede terminar en agotamiento psicológico e insatisfacción.

Unos límites saludables son capaces de estructurar mejor nuestra vida. Seremos capaces de identificar qué es bueno para nosotros y qué no lo es. No nos gustan las restricciones ni las barreras, pero esas reglas o normas son las que, después, nos hacen aprovechar el tiempo y crecer como personas.

El mundo es la voluntad de poder – y nada más. Y tú mismo eres la voluntad de poder – y nada más. Friedrich Nietzsche

Pasos para establecer esos límites

Ordenar tu vida y tu rutina está bien.

  1. Lo primero es identificar qué aspectos de nuestra vida necesitan límites.
  2. Experimenta si no eres capaz de adivinar cuáles pueden ser esas normas sanas. No podemos saber con antelación qué es lo correcto para nosotros mismos, pero lo que si que podemos hacer es probar. Desde horarios o rutinas, decisiones, deporte, alimentación, dinero, trabajo…
  3. Hay que tener en cuenta que es mejor ponerse pocos límites coherentes a muchos que sean un caos.
  4. No caigas en la culpa si no cumples esas normas que te habías impuesto. Tenemos que ser auto-compasivos. El ámbito académico es un buen ejemplo. Imagina que no has estudiado el tema de Historia que pensabas aprenderte hoy. Puedes lamentarte, sentirte mal contigo mismo y desesperarte. Otra opción (la recomendable) es pararte un segundo a pensar qué ha pasado (hoy no me ha dado tiempo a estudiar) y qué puedes hacer (el próximo día tengo que estudiar una hora más o tengo que hacerme esquemas para aprenderme ese tema más rápido). Ser demasiado exigentes solo nos provocará tensión y frustración.
  5. Busca otros factores en los que apoyarte. Si estás interesado en estudiar y tomártelo en serio, puedes quedar con alguien en una biblioteca o desinstalarte las redes sociales para evitar distracciones y así asegurarte de que lo cumples.

Muchas veces no llevamos a cabo lo que nos proponemos porque nos autoconvencemos de que no nos importa, por creer que podemos con todo o por dejarnos llevar.

Ejemplo para una mayor comprensión

Cuando en el primer paso hablamos de identificar para qué necesitamos límites, hay que tener en cuenta que nos vamos a referir a esos aspectos de la vida cotidiana que nos dan problemas, que nos causan conflictos. Puede ser el trabajo, nuestra relación amorosa, los estudios…

Vamos a escoger como ejemplo las relaciones de pareja. ¿Cómo ponemos límites en ella?

  • No tener miedo a decir que «no» en caso de desacuerdo o «sí» cuando nos apetece hacer algo.
  • No permitir manipulaciones o chantajes
  • No permitir faltas de respeto
  • No permitir opiniones destructivas
  • No querer cumplir las expectativas de los demás. Cada persona es un mundo y cada pareja lleva su relación como les apetece.
  • Saber que tienes derecho a tener tu espacio e intimidad

Si antes de comenzar (o durante) una relación tenemos en cuenta estos aspectos, serás una persona segura de sí misma y que sabrá evitar la toxicidad en la pareja o, incluso, decidirá acabar con la relación.

Se trata de establecer unas pautas que nos faciliten la vida y evitar todo aquello que nos la complique.

Recuerda que esos límites tienen que servir para que llevemos una vida más saludable y plena, por lo que deben caminar de la mano con nuestros valores y, así, alcanzar satisfactoriamente nuestras metas.

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Imagen de Rebeca Cojo
Sobre Rebeca Cojo Rebeca Cojo es estudiante de Periodismo, con interés en los temas de salud y Psicología.
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