adolescente movilCon la adolescencia, es común que surjan los primeros conflictos entre padres e hijos. No es raro, por ello, que muchas de las consultas que nos llegan en esa etapa estén referidas a la comunicación entre padres e hijos. Para que sea fluida, debe ser empática y basada en el respeto mutuo pero, además, debe cumplir una serie de requisitos:

  • Interés sincero por las cosas que les interesan a los hijos. Eso sí, hay que evitar agobiarlos con baterías inacabables de preguntas o controlarlos de forma estricta. Ello lleva a que se encierren en sí mismos y significa el fin de la comunicación entre vosotros.
  • Cuando los escuchéis, intentad evitar las críticas, correcciones y castigos por hechos que nos puedan explicar pero que pertenezcan al pasado. El pasado esta pasado y ya no lo podemos arreglar.
  • Durante la conversación, no les interrumpáis con constantes preguntas y, si ellos hacen algunos silencios, respetadlos A veces los silencios también hablan.
  • Es muy importante que la comunicación sea por ambos lados. Si tu hija te explica, por ejemplo, que no sabe cómo enfrentarse ante una situación en la que hay el chico que le gusta, explícale una situación parecida que te ocurriera. Y, si todo ello acaba en risas, mucho mejor. Evita darle consejos si no te los pide expresamente. Se trata mejor de que aprenda mediante modelaje y el modelo, las figuras de referencia, son los padres.
  • Es muy importante reservar un momento del día – puede ser por la noche después de cenar, con la tele apagada o antes de ir a dormir , si estáis todos despiertos y un lugar de la casa para hacer una “reunión familiar” en la que se comparta lo que se ha hecho durante ese día: tanto momentos buenos como malos, pero sin forzar a nadie para que cuenta lo que no quiera. Es una manera de que las emociones fluyan en la familia y se comparten, dándole más importancia que a los hechos a la comunicación padres-hijos.
  • No le hagas preguntas que sólo admitan como respuesta sí/no ya que impides que tu hijo se pueda explicar.
  • No le des órdenes, como si fueras un padre, madre autoritario. Es mucho más productiva una sugerencia ya que, de lo contrario, tu hijo se sentirá controlado.
  • Sé empático. No intentes ser una persona perfecta ante tu hijo. Primero, la perfección no existe, ¿lo sabías? Y, más importante incluso, a tus hijos les costará entender que “si eres tan perfecto”, le puedas comprender a una persona como él/ella que se equivoca. Recuerda que todos – absolutamente todos – cometemos errores.
  • No infravalores a tus hijos. Sólo lo harás si te sientes “perfecto” pero, en este caso, tenderás a dar grandes lecciones a tus hijos que podrán llegar a sentirse incapaces de conseguir nada y, por tanto, ya no lo intentarán. No todo es debido a la conducta de los padres pero estos, muchas veces, tienden al “a ver si te esfuerzas más porque yo, fui a este colegio y sacaba muy buenas notas”. Con lo cual, si existe algún problema, el hijo tenderá a callarse y no contar nada.
  • Es sumamente importante que cuando tus hijos te cuenten algo para ellos muy importante y “supersecreto”, guardes la confidencialidad ya que es la única forma de cultivar la confianza. Tener unas “islas” en que se pueda hablar con vuestros hijos sin interrupciones de teléfonos, móviles, WhatsApp, televisión,…y puede ser durante la comida, la cena, antes de ir a dormir,…
  • Es muy importante respetar el espacio y el tiempo. No vale “lo siento, cariño, tengo que contestar a esto porque es muy importante” o “ ¿verdad que no te importa que hoy lo “saltemos” es que dan el derby?” Llegará un momento en que tus hijos se quejarán y perderán las ganas de seguir conversando. Por otra parte, no utilices este tiempo para criticarle, regañarle o castigarle. Es muy posible que tu hijo se haya comportado de forma incorrecta pero tu papel es aportarle soluciones y orientarle en la búsqueda de su propio camino.

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