Cómo aplicar la parentalidad positiva en casa (sin morir en el intento)

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Atrás quedó aquello de educar a los niños a base de castigos físicos y partiendo de la base de que el adulto siempre tiene la razón. La parentalidad positiva está de moda y no nos extraña.

El mundo ha cambiado mucho en los últimos años. Por suerte ya no se educa como solía hacerse, ni dentro ni fuera de casa. Cada vez más adultos son conscientes de que será la relación que tengan con sus hijos la que marque, en gran medida, su forma de ser en el futuro.

El tipo de apego desarrollado durante la niñez define cómo percibes aquello que te pasa, qué piensas acerca de ti mismo y cómo gestionas tus propias emociones. Cuando hablamos de apego nos referimos al vínculo que se forma con los padres durante la infancia en función de si estás presentes o no y de si son fuente de protección o no. El apego puede ser:

  • Seguro: se desarrolla cuando el niño puede confiar en que sus padres le protegerán cuando sea necesario. Por lo tanto, es libre de explorar el mundo que le rodea sin miedo.
  • Inseguro: se desarrolla cuando los padres están ausentes, ya sea de manera ocasional o permanente. El niño no sabe si podrán protegerle ante posibles peligros y, por lo tanto, se mostrará inseguro a la hora de relacionarse con su entorno. Dentro de esta categoría encontramos el apego ansioso, el apego evitativo y el apego desorganizado.

Por eso, si quieres que tus hijos se conviertan en adultos con una buena autoestima y una correcta gestión emocional, debes procurar que confíen en ti. La parentalidad positiva es el método perfecto para conseguirlo.

¿Qué es la parentalidad positiva?

La parentalidad positiva es la clave para que los niños se desarrollen de manera adecuada, inmersos en un ambiente agradable y lleno de cariño.

Podemos definirla como un modelo de crianza que pone en primer plano las necesidades y los intereses del niño. En este modelo la violencia y el abuso de la autoridad no tienen cabida.

Se fundamenta en una idea que a muchos hoy día les sigue pareciendo revolucionaria, pues contrasta profundamente con la forma en la que les criaron a ellos. Y es que la parentalidad positiva parte de la base de que los niños son tan personas como los adultos y, por lo tanto, se deben respetar sus derechos y dar respuesta a sus necesidades.

Esto no quiere decir que el padre deje de tener autoridad sobre el niño. Al contrario, los padres siguen siendo los encargados de guiar a sus hijos y deben enseñarles a portarse bien. Para ello deben poner límites y procurar que sus hijos los entiendan.

Este punto es importantísimo porque, antaño, se esperaba que los niños obedeciesen ciegamente a sus padres, sin comprender por qué tenían que hacerlo.

¿Quién no ha preguntado alguna vez por qué motivo no podía hacer determinada cosa y ha obtenido como respuesta un «porque no»? Esta situación tan común solo logrará frustrar a tu hijo y transmitirle el mensaje de que tienen que poner a sus padres por encima de sus propias inquietudes.

Pensamientos como este pueden provocar que, de mayores, se transformen en jóvenes infelices que, en lugar de vivir su propia vida, tratan de complacer constantemente a sus progenitores.

Si crees que el estilo de crianza que utilizaron tus padres es el causante de tus problemas, quizás sea el momento de ponerse en manos de un psicólogo online.

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¿Cuáles son sus características?

La parentalidad positiva se basa en:

  • Vínculos de cercanía, cariño y confianza entre padres e hijos.
  • Límites claros, comprensibles y correctamente explicados.
  • Libertad para que el niño pueda explorar sus inquietudes y habilidades, y también expresar sus necesidades.
  • Espacio y tiempo compartidos entre los familiares. Es imprescindible que el niño sepa que puede contar con sus padres.
  • La búsqueda de alternativas a los castigos denigrantes o restrictivos. En lugar de encerrar al niño en su cuarto, se puede explicar por qué lo ha hecho mal, preguntarle cómo se comportará en el futuro para ver si lo ha entendido y pedir perdón.
  • La existencia de cuidados afectivos que cubren no solo las necesidades más básicas del niño, sino que procuran su bienestar en todos los ámbitos.
  • Respeto mutuo y no solo de los hijos hacia los padres. Los progenitores tienen que entender que sus hijos son individuos de pleno derecho y que, por lo tanto, merecen que sus opiniones y sus necesidades se tengan en cuenta.
  • La existencia de una comunicación constante y asertiva, que permita a los niños hablar de sus emociones y compartir sus preocupaciones con los padres. Y que, al mismo tiempo, permita a los padres aconsejar a sus hijos y darles las respuestas necesarias cuando sea pertinente.
Parentalidad positiva

Los beneficios de la parentalidad positiva

  • Permite que los niños se sientan queridos y aceptados por sus padres.
  • Fomenta la buena autoestima de los hijos.
  • Potencia la imposición de límites a los demás, pues los niños crecen sabiendo que son merecedores de respeto.
  • Les permite entender y gestionar correctamente sus emociones.
  • Hace que la convivencia sea más agradable tanto para los padres como para los hijos.
  • Se establecen vínculos familiares más fuertes.
  • El número de peleas disminuye considerablemente.

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Imagen de Lucía Lorenzo
Sobre Lucía Lorenzo Lucía Lorenzo es Graduada en Periodismo por la Universidad de Valladolid, donde descubrió su gran interés por los temas relacionados con la salud, especialmente con la salud mental, la gran olvidada en las enseñanzas universitarias. Entre sus inquietudes se encuentran el feminismo y los derechos LGBT. Ganadora de un premio de relato corto en el año 2013, disfruta escribiendo tanto noticias como ficción.
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