La doctora Gemma Ramón.

Malestar general, cansancio, cambios en el estado de ánimo e incluso trastornos digestivos. Estos son los principales efectos del cambio horario de primavera en la salud. En la madrugada del sábado 24 al domingo 25 de marzo, el reloj se adelantará una hora (a las 2:00 serán las 3:00 horas) y nuestro organismo necesitará entre tres y cuatro días para adaptarse al nuevo horario, según explica la doctora Gemma Ramón, del Servicio de Medicina General del Hospital USP San Jaime.

Las funciones de nuestros órganos más importantes (cerebro, aparato cardiovascular, etc.) dependen de la secreción de varias hormonas (cortisol, adrenalina, noradrenalina…) que varía en base a los denominados ciclos circadianos (“alrededor del día”), estableciéndose dos etapas bien diferenciadas: el día y la noche, la vigilia y el sueño. “Cualquier alteración en el reloj del tiempo se traduce en pequeñas alteraciones en nuestro reloj biológico. Estas alteraciones, aunque no llegan a incidir en las estadísticas ni constituyen verdaderas enfermedades, pueden producir diversos síntomas en algunos individuos”, explica la Dra. Gemma Ramón.

Estos síntomas se resumen en “un malestar general, que viene acompañado de fatiga, astenia y una bajada en el rendimiento de la persona en los días posteriores al cambio horario, con una menor productividad en el trabajo, por ejemplo”, subraya la especialista de USP San Jaime. Los cambios en el estado de ánimo son también bastante comunes: nos sentimos un poco más depresivos a causa del cansancio, la fatiga general y los cambios en el sueño. El cambio horario afecta también al aparato digestivo, ya que se modifican los horarios de las comidas y se produce un aumento de la secreción del jugo gástrico y del apetito por la noche.

No todas las personas se ven afectadas por igual: los más perjudicados suelen ser los pacientes con problemas neurológicos (migrañas, trastorno bipolar, síndrome depresivo…) en los que se produce una agudización temporal de sus síntomas. “También suelen presentar más alteraciones las personas con horarios rígidos, porque su reloj biológico está menos acostumbrado a tener que adaptarse a los cambios horarios que las personas que trabajan por turnos”, señala la especialista de USP San Jaime.

Los niños se adaptan con mayor facilidad (especialmente los más pequeños), porque su sistema neurológico y sus ciclos vitales aún no son maduros. Si bien los niños un poco más mayores pueden presentar problemas para acostarse a su hora habitual porque aún hay luz solar. “Esto implica que duerman menos horas y que puedan tener menor rendimiento escolar y estar más irritables”, explica la Dra. Ramón, quien añade que “también existe una influencia de factores psicoemocionales, siendo importante la actitud con la que se enfrenta el cambio”.

Según una guía publicada por la Academia Americana de medicina del Sueño, todos estos problemas se pueden paliar tomando unas sencillas medidas en los días previos al cambio: modificar ligeramente la hora de acostarse, adelantando 15 minutos al día en los cuatro días previos al cambio; reajustar el horario de comidas; evitar las siestas; comer adecuadamente y beber mucha agua; mantenerse físicamente activo; evitar el uso de cafeína por la mañana y alcohol por la noche; tener cuidado al conducir el día siguiente al cambio de hora

La mayoría de los expertos coincide en que en pocos días se produce una regulación circadiana de las secreciones de hormonas, de manera que la mayoría de personas son capaces de adaptarse al cambio en tres días. “Cabe destacar que el adelanto horario también tiene sus efectos positivos para la salud: fomenta las actividades al aire libre, lo cual se traduce en una mejoría del estado de salud. Este hecho es especialmente importante en sectores de la población sensibles a las bajas temperaturas como son los ancianos y los enfermos crónicos”, concluye la especialista de USP San Jaime.