Albert Espinosa, el hombre que aprendió a vivir tras enfrentarse a la muerte

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Albert Espinosa tenía solo 13 años cuando fue diagnosticado con osteosarcoma, el tipo más frecuente de cáncer de hueso. Superó tres cánceres en los diez años que vivió entre hospitales, donde en sus propias palabras no perdió una pierna, sino que ganó un muñón y no perdió un pulmón, sino que aprendió que con la mitad de lo que tenía podía vivir.

Ahora, ya entrado en los cuarenta es escritor, autor de teatro, guionista, actor y director de cine. Estudió Ingeniería Industrial en la Universidad Politécnica de Cataluña, pero ya durante sus andanzas en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Barcelona comenzó a aflorar su pasión por el teatro. Fue allí donde se unió al grupo de teatro para el que comenzaría a escribir pequeñas obras que dejaban atisbar lo que sería su carrera como artista. Su primera obra, «Los Pelones», fue estrenada en 1995, cuando Albert tenía tan solo 21 años, e inspiró el guión de su primera película «Planta 4ª», que sigue las vidas del grupo «Los Pelones» en la planta de traumatología de un hospital.

La enfermedad y los años que pasó yendo y viniendo entre hospitales acabarían impregnando la mayoría de sus obras, pero también construirían los cimientos de una filosofía de vida optimista que le ha llevado por los platós de numerosos programas de televisión, donde se han encargado de mostrar la cara más simpática de las enfermedades.

Albert Espinosa: escritor, guionista y director de cine

Tras sus años universitarios, Espinosa comenzó a escribir guiones para diversos programas de televisión. En aquellos años, entre finales de los 90 y principios de los 2000, pasó por numerosos programas de la Televisió de Catalunya y La 2. Sin embargo, no fue hasta el año 2003 que experimentó el éxito al guionizar «Planta 4ª», que estuvo nominada en la categoría de mejor película en los Premios Goya.

Con sus obras de teatro, entre las que se encuentran títulos como «Idaho y Utah (nanas para nenes malitos)» o «El gran secret», ha recorrido las más grandes y pequeñas salas de Cataluña y Madrid. En 2007, Albert dejó a un lado los guiones y se estrenó como director cinematográfico con «No me pidas que te bese, porque te besaré».

Albert Espinosa

Además, ha escrito diez libros. Obras como «Si tú me dices ven lo dejo todo… pero dime ven» le ganaron una reputada fama como escritor que le ha llevado a ser uno de los autores más leídos del país. Su última obra «Si nos enseñaran a perder, ganaríamos siempre» bebe de una de esas enseñanzas que aprendió al mismo tiempo que aprendía a caminar por segunda vez: «Cuando era adolescente, antes de probarme mi primera pierna ortopédica, me enseñaron a caer antes que a caminar. Nos dijeron a todos los chicos sin pierna que si perdíamos el miedo a caer, caminaríamos mejor. Si aprendes a caer, aprendes a caminar…»

Nos dijeron a todos los chicos sin pierna que si perdíamos el miedo a caer, caminaríamos mejor.

Albert Espinosa, sobre superar los miedos.

Esta filosofía tan llena de positividad se deja entrever en las tramas de todas y cada una de sus obras. Quizás, desde un punto de vista más tradicional, se pueda considerar «Pulseras rojas», la serie que comenzó en la televisión catalana y que enamoró a Steven Spielberg hasta el punto de realizar la adaptación estadounidense de la serie. Sin embargo, el verdadero éxito no está en la serie, sino en el aprendizaje que hay detrás de la historia de ese grupo de jóvenes que aprenden a vivir entre las paredes del hospital, asolados por la enfermedad, y consiguen ser felices los unos junto a los otros.

cáncer

Un modo de vida que ha ayudado a millones de personas

Aunque no es psicólogo, las reflexiones de Albert Espinosa sobre la vida, la muerte y la enfermedad han ayudado a seguir adelante a millones de personas que necesitaban algún que otro motivo para continuar viviendo. A través de las palabras, de sus novelas y relatos, Albert Espinosa convence a quien lo lee de que un mundo más feliz es posible.

En una de sus últimas entrevistas —pues el autor está convencido de la inminencia de su muerte y ha abandonado los platós— compartía la emotiva historia de una chica que contactó con él tras una de sus innumerables visitas al Hormiguero: «Cuando vine hace tres años hablé mucho de ‘ama tu caos, ama tu diferencia, ama lo que te ha tocado en la vida’ […] y nos escuchó una chica que se había intentado suicidar cuatro veces y después de escucharnos a ti y a mí amó su caos, amó su diferencia y ahora es una de las médicas más prestigiosas de un hospital de Boston […] Me parece que es la cosa más maravillosa y la carta más bonita que he recibido en la vida».

Nos escuchó una chica que se había intentado suicidar cuatro veces y después de escucharnos a ti y a mí amó su caos, amó su diferencia y ahora es una de las médicas más prestigiosas de un hospital de Boston.

Tras perder una pierna, un pulmón y parte de su hígado, Albert lo tiene claro: «vivir es aprender a perder lo que ganaste» y por eso afirma que no le tiene miedo a la muerte, cuya idea le acompaña desde que en la adolescencia le afirmaron que apenas tenía un 3% de posibilidades de sobrevivir al cáncer: «para mí la muerte no es triste, lo triste es no vivir intensamente».

Vivir es aprender a perder lo que ganaste

Albert Espinosa, sobre la vida.

«Me dieron 200 tandas de quimio, 150 radiografías, 300 TACs… y mi médico me dijo: tus 50 serán los 90 de otra persona, te fallarán cosas», relataba en el Hormiguero, su penúltima entrevista. En la última, que le concedió a Eloi Vila en su programa «Al cotxe» afirmaba que morirá el 23 de abril de 2023. Y, aunque la muerte no le asusta, sí le aterran las consecuencias que la preceden. Por eso no es extraño que, tras revolverse contra las enfermedades y luchar por su vida con uñas y dientes, se haya pasado años luchando por la legalización de la eutanasia: «Perder tus capacidades, no recordar… nadie necesita ese final si sabes que no vas a vivir. Algún día se comprenderá la importancia de la muerte digna».

¿Cuáles son las lecciones más importantes de Albert Espinosa?

Por extraño que parezca, a Albert Espinosa su gran maestra le enseñó que la felicidad no existe. Se refiere a ella como «su madre hospitalaria» y la describe como una mujer de 92 años que acogió a todos los chicos con cáncer del hospital y les enseñó a aceptar aquello por lo que estaban pasando. «Era una mujer que decía: no existe la felicidad, pero existe ser feliz cada día» y quizás por eso Albert Espinosa se ha empeñado en llevar la felicidad a las vidas de las millones de personas que alguna vez han leído sus libros, disfrutado sus guiones o simplemente le han escuchado hablar.

No existe la felicidad, pero existe ser feliz cada día.

Cuando habla de ella, a Albert le brillan los ojos con la sabiduría que su segunda madre le dejó como herencia. Otros, los amigos del hospital que perdió de adolescente, cuando los otros chicos de su edad apenas estaban aprendiendo a vivir y el se preparaba para morir, le dejaron un puñado de vidas que debía vivir por ellos. Albert Espinosa tiene el talante de una persona que convirtió las habitaciones del hospital en una escuela donde aprendería las lecciones que le han acompañado durante toda su vida: «ella hizo que nos sintiésemos orgullosos de toda pérdida y logró que entendiésemos que, si haces el duelo suficiente, toda pérdida se convierte en una ganancia».

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Albert Espinosa lleva esas vivencias aprendidas de carrerilla y las repite cada vez que puede. Son lecciones de lo más sencillas que aprendió entre medias de los momentos más difíciles y, en lugar de atesorarlas, ha decidido regalárselas a los demás. El optimismo y el humor con la que comparte las pérdidas que llenaron su vida llenan auditorios de risas cada vez que habla. Cuenta, mientras enseña a los demás a reír por su felicidad, que tras amputarle la pierna tuvo la oportunidad de enterrarla: «puedo decir que tengo un pie en el cementerio […], pero como perdí la pierna izquierda también soy el único que puede decir que siempre me despierto con el pie derecho».

Felicidad

Así, con la sencillez de quien acepta la muerte y mientras la espera vive la vida intensamente, Albert ha llenado miles de vidas de ese optimismo que le caracteriza. En cuanto a la clave de su felicidad, él asegura que es así porque vive de acuerdo al «carpe diem» y, ante la posibilidad de morir, vive el momento: «Con 15 años y medio mi médico me dijo que me quedaba un 3% de posibilidades de vivir y me dijo que fuera a Menorca a pasar el último mes de vida y fui a un hospital precioso al que llamaban ‘El Hilton de la muerte’ y allí aprendí que si aprendes a morir aprendes a vivir. Estuve en ese hospital con mis padres y sabía que me quedaban treinta días de vida y justamente allí encontré la felicidad».

Fui a un hospital precioso al que llamaban ‘El Hilton de la muerte’ y allí aprendí que si aprendes a morir aprendes a vivir.

En el cúmulo de circunstancias que han abarrotado su vida, Albert Espinosa se rompió la cadera con 46 años. Bajo esa óptica de aprendizaje constante, entendió cómo era el mundo bajo otra perspectiva. Es precisamente esa perspectiva la que ha intentado compartir en cada uno de sus proyectos, en un acto de solidaridad con todos aquellos que no tuvieron su suerte y, por lo tanto, no pudieron extraer esas enseñanzas directamente de la experiencia.

Más allá de su faceta de escritor, de la de guionista, director o actor, Albert Espinosa se ha convertido con el paso de los años en un ejemplo de superación. Es la prueba viviente de que la felicidad existe, de que puede estar en todas partes, pero también de que solo se encuentra cuando te empeñas en construirla con cada uno de tus actos. Es el ejemplo de que todas las dificultades se pueden superar con el suficiente tiempo, el suficiente aprendizaje y la suficiente ayuda.

En 2008, Albert Espinosa lanzó su libro «El mundo amarillo«. En él reivindicaba a los amarillos: «Ellos son el nuevo escalafón de la amistad, esas personas que no son ni amantes ni amigos, esa gente que se cruza en tu vida y que con una sola conversación puede llegar a cambiártela». Con el paso de los años, ha demostrado con creces que él también es uno de esos amarillos que, a base de cambiar vidas, cambian el mundo.

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Imagen de Lucía Lorenzo
Sobre Lucía Lorenzo Lucía Lorenzo es una estudiante del último curso de Periodismo en la Universidad de Valladolid, donde descubrió su gran interés por los temas relacionados con la salud, especialmente con la salud mental, la gran olvidada en las enseñanzas universitarias. Entre sus inquietudes se encuentran el feminismo y los derechos LGBT. Ganadora de un premio de relato corto en el año 2013, disfruta escribiendo tanto noticias como ficción.

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